En el principio Dios…

Conocer al libro de Génesis como el libro de “el principio” o “los orígenes” (“bereshit” en hebreo), es sin duda un entendimiento que marca todo acercamiento posterior a las páginas de la Biblia. Saber que Dios se revela a sí mismo sin lugar a dudas como el Creador de todo lo que existe, define ya por sí una cosmovisión que debe ser centro y base de la vida de todo creyente. Dios es el Creador. Así lo muestra Génesis. Si nosotros somos, es por su voluntad creadora; si nosotros le conocemos, es por su deseo de revelarse y establecer una relación con nosotros. No una relación entre iguales, sino una relación entre Dios y criaturas.

Como seres humanos, debemos nuestra existencia a Dios. Hombres y mujeres por igual hemos sido creados a su imagen, y dotados de singularidades que nos distinguen del resto de la creación divina. Al estudiar Génesis, entendemos en su justa medida la valía que tiene cada ser humano, no por cuestiones como su condición económica, cultural, educativa o racial, sino por percibirnos como creados a Su imagen y semejanza, dotados de dignidad y sentido de propósito.

Con tristeza vemos que en nuestros días, esta dignidad y sentido de propósito pierde su brillo por los efectos del pecado sobre todo y sobre todos. Así lo presenta el mismo primer libro, desde la caída del hombre. Sin embargo, Dios muestra su misericordia al elegir un hombre, para de él levantar una nación especial. Un pueblo para sí. Su formación ha de dar esperanza a toda la humanidad. La esperanza de que Dios permanece Fiel aún a pesar de nuestros errores. La esperanza de una salvación completa a través del linaje de Su pueblo. La esperanza del restablecimiento de una relación entre el Creador y su creación.

Sigue leyendo

Anuncios