Prosperando al estilo de Dios (3era. de Juan)

“Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente.”  3era. de Juan 1:2

Juan es un escritor peculiar. Además de su sencillez y claridad al presentar los asuntos, podríamos decir que el “apóstol del amor” es también el “apóstol de los contrastes”. En gran parte de su literatura podemos encontrarnos contrastes. Contrastes como “muerte-vida” (Juan 5:24), “verdad-mentira” (Juan 8:44), “luz-tinieblas” (Juan 12:46), “amor-odio” (1era. de Juan 4:20). Su 3era. carta no es la excepción. En ella nos presenta a 2 personajes importantes en cierta comunidad cristiana; pero así como son importantes, así también son contrastantes: Gayo y Diótrefes.

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Discípulos de Jesús

Estoy convencido que, de manera consciente o inconsciente, todos nos volvemos seguidores de algo o de alguien. ¿No lo crees? Medítalo un poco.

Basta con observar a la gente a nuestro alrededor apasionada por algún artista, algún atleta o equipo deportivo. Personas que nos sentimos atraídos por alguna persona o algún grupo de personas, a tal grado que nos convertimos en sus “admiradores” o “fans” e incluso, si vamos un paso más allá, nos convertimos en fervientes seguidores.

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Un “hombre” de su talla

Grandes mujeres y hombres adornan las páginas de nuestra historia. Grandes personajes han marcado el curso de la humanidad, dando forma al mundo que conocemos hoy. Desde héroes, gobernantes, científicos, pensadores, artistas, literatos, y atletas; hasta asesinos, delincuentes, genocidas, tiranos, detractores y farsantes.

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Adoración. Alabanza. Liturgia. Música

“La Adoración Cristiana es la acción más trascendental, urgente y gloriosa que pueda tener lugar en la vida humana”

 Karl Barth (teólogo y pensador cristiano del s.XX)

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Centurión Romano

He sido testigo del dolor y la muerte en muchas ocasiones y de diversas formas. Pertenezco al ejército romano al servicio del emperador Tiberio, y una de nuestras funciones es conservar la paz en todas las provincias. Cuando un grupo rebelde se levanta, nosotros somos los encargados de castigar severamente y en público, como advertencia a todo aquel que intente perturbar la paz del imperio.

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