Dios: El Pastor de Efraín, de Judá y de todas las naciones

Ezequiel 37:19-28 “diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel sus compañeros, y los pondré con el palo de Judá, y los haré un solo palo, y serán uno en mi mano. Y los palos sobre que escribas estarán en tu mano delante de sus ojos, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos. Ni se contaminarán ya más con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeliones; y los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo a ellos por Dios. Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor; y andarán en mis preceptos, y mis estatutos guardarán, y los pondrán por obra. Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre. Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre. Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y sabrán las naciones que yo Jehová santifico a Israel, estando mi santuario en medio de ellos para siempre.”

En este hermoso pasaje del profeta Ezequiel, Dios promete una salvación a Su pueblo a pesar de la situación de Exilio en la que se encuentran a causa de su pecado. Las palabras dadas al profeta llenan de esperanza. Esperanza de Restauración. Sin embargo, esta esperanza se haría extensiva no sólo a Efraín y a Judá (pueblo de Israel) sino también a todas las naciones.

Este breve escrito intenta definir al menos 4 palabras importantes de este pasaje: EFRAÍN, JUDÁ, NACIONES Y PASTOR. 

Ciertamente es necesario conocer qué significado tienen estas palabras para los tiempos del profeta Ezequiel, y para ello, vale la pena intentar entender un poco mejor su significado. Sirva para ello este sencillo análisis teológico de las palabras presentadas en el pasaje.

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Y oyó Dios el gemido de ellos…

“Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios.” (Éxodo 2:23-25)

Dios es un Dios cercano. Aun cuando desde las primeras páginas de la Escritura, reconocemos a un Dios trascendente (que está “más allá” y que no se confunde o se mezcla con su creación, como sugieren las ideas panteístas) también lo encontramos como un Dios inmanente, cercano y personal al ser humano y a todo lo creado. Dios no es indiferente a nuestra historia. Él es un Dios cercano y que ha decidido revelarse a sí mismo, a fin de establecer una relación con la humanidad.

Esto es claramente presentado en el libro de Éxodo. Ante la aflicción de Su Pueblo, Dios no se queda con los brazos cruzados, sino que actúa poderosamente a favor de ellos. Una y otra vez, Dios invita a Faraón a dar libertad a Israel, preso de la esclavitud y los maltratos. Sin embargo, el corazón de faraón (muy al estilo del corazón nuestro) se endurece y se revela ante la voluntad del Dios verdadero. Es pues necesaria la intervención de Jehová para liberar a su pueblo.  Pareciera un evento que nos recuerda que sólo en Dios se encuentra la verdadera libertad, y sólo Él es capaz de regalarla al ser humano. Bajo el yugo de Faraón sólo se encuentra opresión, sufrimiento y vejación. Es pues Éxodo una “sombra” que muestra lo que Dios puede hacer, no sólo históricamente con Su Pueblo Israel, sino con el corazón de todo aquél que decida encontrar su verdadera libertad en Él.

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