Encuentros transformadores

“Jacob, por su parte, se adelantó a ellos, inclinándose hasta el suelo siete veces mientras se iba acercando a su hermano. Pero Esaú corrió a su encuentro y, echándole los brazos al cuello, lo abrazó y lo besó. Entonces los dos se pusieron a llorar.” Génesis 33:3-4

La vida de Jacob es una vida llena de muchísima riqueza. Junto con Abraham e Isaac, es considerado como uno de los patriarcas del pueblo de Israel. Padre de 12 hijos y 1 hija, quienes, a la postre, se convertirían en las tribus de la naciente nación israelita.

Sin embargo, cuando leemos la historia de su vida en el libro de Génesis, nos damos cuenta que su nombre “Jacob” (que significa “suplantador” o “engañador” o “el que toma del talón”) representa con mucha fidelidad su manera de actuar, y también el trato que recibió de otros. Una vida llena de engaño…

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Actitud Faraónica

Éxodo 1:8 “Tiempo después, subió al poder de Egipto un nuevo rey que no conocía nada de José ni de sus hechos”

Al leer las últimas páginas del libro de Génesis y comenzar con las primeras del libro del Éxodo, uno puede percibir un cambio abismal en las condiciones de vida del pueblo de Israel, y en la actitud de Faraón hacia ellos.

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Prosperando al estilo de Dios (3era. de Juan)

“Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente.”  3era. de Juan 1:2

Juan es un escritor peculiar. Además de su sencillez y claridad al presentar los asuntos, podríamos decir que el “apóstol del amor” es también el “apóstol de los contrastes”. En gran parte de su literatura podemos encontrarnos contrastes. Contrastes como “muerte-vida” (Juan 5:24), “verdad-mentira” (Juan 8:44), “luz-tinieblas” (Juan 12:46), “amor-odio” (1era. de Juan 4:20). Su 3era. carta no es la excepción. En ella nos presenta a 2 personajes importantes en cierta comunidad cristiana; pero así como son importantes, así también son contrastantes: Gayo y Diótrefes.

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El deseo de un Rey

2do. de Samuel 23: 13-17 En otra ocasión, tres de los treinta más valientes fueron a la cueva de Adulán, donde estaba David. Era el comienzo de la siega, y una tropa filistea acampaba en el valle de Refayin. David se encontraba en su fortaleza, y en ese tiempo había una guarnición filistea en Belén. Como David tenía mucha sed, exclamó: “¡Ojalá pudiera yo beber agua del pozo que está a la entrada de Belén!” Entonces los tres valientes se metieron en el campamento filisteo, sacaron agua del pozo de Belén, y se la llevaron a David. Pero él no quiso beberla, sino que derramó el agua en honor al Señor y declaró solemnemente: “¡Que el Señor me libre de beberla! ¡Eso sería como beberme la sangre de hombres que se han jugado la vida!” Y no quiso beberla. Tales hazañas hicieron esos tres héroes.

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Un “hombre” de su talla

Grandes mujeres y hombres adornan las páginas de nuestra historia. Grandes personajes han marcado el curso de la humanidad, dando forma al mundo que conocemos hoy. Desde héroes, gobernantes, científicos, pensadores, artistas, literatos, y atletas; hasta asesinos, delincuentes, genocidas, tiranos, detractores y farsantes.

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