En el principio Dios…

Conocer al libro de Génesis como el libro de “el principio” o “los orígenes” (“bereshit” en hebreo), es sin duda un entendimiento que marca todo acercamiento posterior a las páginas de la Biblia. Saber que Dios se revela a sí mismo sin lugar a dudas como el Creador de todo lo que existe, define ya por sí una cosmovisión que debe ser centro y base de la vida de todo creyente. Dios es el Creador. Así lo muestra Génesis. Si nosotros somos, es por su voluntad creadora; si nosotros le conocemos, es por su deseo de revelarse y establecer una relación con nosotros. No una relación entre iguales, sino una relación entre Dios y criaturas.

Como seres humanos, debemos nuestra existencia a Dios. Hombres y mujeres por igual hemos sido creados a su imagen, y dotados de singularidades que nos distinguen del resto de la creación divina. Al estudiar Génesis, entendemos en su justa medida la valía que tiene cada ser humano, no por cuestiones como su condición económica, cultural, educativa o racial, sino por percibirnos como creados a Su imagen y semejanza, dotados de dignidad y sentido de propósito.

Con tristeza vemos que en nuestros días, esta dignidad y sentido de propósito pierde su brillo por los efectos del pecado sobre todo y sobre todos. Así lo presenta el mismo primer libro, desde la caída del hombre. Sin embargo, Dios muestra su misericordia al elegir un hombre, para de él levantar una nación especial. Un pueblo para sí. Su formación ha de dar esperanza a toda la humanidad. La esperanza de que Dios permanece Fiel aún a pesar de nuestros errores. La esperanza de una salvación completa a través del linaje de Su pueblo. La esperanza del restablecimiento de una relación entre el Creador y su creación.

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“Bendecir” y “juramento” en Génesis 26:1-5

“Después hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre. Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente, por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes. (Génesis 26:1-5)

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Largura de días. Abraham

“Y estos fueron los días de vida que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años. Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de días y fué unido a su pueblo”
(Génesis 25:7 Reina-Valera Versión Antigua)

Les comparto una pequeña porción de un libro que un muy buen amigo me prestó en días recientes. Esta porción, explica la diferencia entre vivir “largura de días” y vivir “largura de años”. Me parece muy buena reflexión, y quisiera compartirla con ustedes.
“Y estos son los días de los años que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años” (Génesis 25:7)

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