Reconociendo el camino a casa

Entre los retos de vivir en una de las ciudades más grandes del mundo (México D.F.) está el de no perderse entre la infinidad de calles y avenidas. Puentes, pasos a desnivel, contra flujos, cierres por obras de mantenimiento, son algunas de las “aventuras” que todo “capitalino” vive en su esfuerzo de llegar sano y salvo a su destino. Sin embargo, perderse es un riesgo constante en la vida de nuestra ciudad.

En una ocasión Jesús narró la historia de alguien perdido. Pero no perdido entre calles y avenidas, sino perdido en el rumbo de su vida.

Cuando revisas el capítulo 15 del evangelio según Lucas, observas a Jesús contando 3 historias. 3 parábolas. 3 parábolas de cosas perdidas: La parábola de la oveja perdida, la parábola de la moneda perdida, y la parábola del hijo perdido. Y el tema central de estas 3 historias que llenan todo el contenido del capítulo 15 de Lucas es el mismo: ¡El gran amor que Dios tiene por nosotros: los perdidos!

 

Lucas 15:11  Dijo además: —Un hombre tenía dos hijos. 12  El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.” Y él les repartió los bienes. 13  No muchos días después, habiendo juntado todo, el hijo menor se fue a una región lejana, y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. 14  Cuando lo hubo malgastado todo, vino una gran hambre en aquella región, y él comenzó a pasar necesidad. 15  Entonces fue y se allegó a uno de los ciudadanos de aquella región, el cual le envió a su campo para apacentar los cerdos. 16  Y él deseaba saciarse con las algarrobas que comían los cerdos, y nadie se las daba. 17  Entonces volviendo en sí, dijo: “¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18  Me levantaré, iré a mi padre y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y ante ti. 19  Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.’” 20  Se levantó y fue a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre le vio y tuvo compasión. Corrió y se echó sobre su cuello, y le besó. 21  El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.” 22  Pero su padre dijo a sus siervos: “Sacad de inmediato el mejor vestido y vestidle, y poned un anillo en su mano y calzado en sus pies. 23  Traed el ternero engordado y matadlo. Comamos y regocijémonos, 24  porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron a regocijarse. 25  Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino, se acercó a la casa y oyó la música y las danzas. 26  Después de llamar a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27  Este le dijo: “Tu hermano ha venido, y tu padre ha mandado matar el ternero engordado, por haberle recibido sano y salvo.” 28  Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió, pues, su padre y le rogaba que entrase. 29  Pero respondiendo él dijo a su padre: “He aquí, tantos años te sirvo, y jamás he desobedecido tu mandamiento; y nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos. 30  Pero cuando vino éste tu hijo que ha consumido tus bienes con prostitutas, has matado para él el ternero engordado.” 31  Entonces su padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. 32  Pero era necesario alegrarnos y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.”

 

Esta es una de las historias que más se recuerdan de labios de Jesús. Es la historia popularmente llamada “El Hijo Pródigo”, aunque personalmente me gusta llamarla “El Padre Misericordioso”.

Creo que esta historia nos regala 4 elementos para todos aquellos que nos hemos “perdido”. 4 cosas a reconocer para, al igual que este joven, comenzar el camino de regreso a casa 🙂

 

  1. RECONOCER EL VACÍO EN MI CORAZÓN.

Una de las cosas que llaman poderosamente mi atención de este pasaje, es que el protagonista de la historia (el hijo menor) tiene una vida como la que muchos desearían: Tiene una buena familia, tiene riquezas, tiene gente a su servicio, muy probablemente era una persona de renombre en la sociedad. ¡Seguramente tiene acceso a muchas cosas que probablemente otros jóvenes de su época desearían muchísimo tener! ¡Tiene una situación envidiable! Pero parece que eso no es suficiente para él…

El joven de la historia que cuenta Jesús, piensa que teniendo dinero y obteniendo con  ese dinero placeres y lujos lejos de la casa de su padre, va a encontrar satisfacción en su vida, ¡pero no es así!

En la vida real, son muchos los casos de personas muy jóvenes, que tenían dinero, que tenían éxito profesional, que tenían fama, que tenían un talento que nadie más tenía (eran de estos que les llaman coloquialmente “tocados por Dios”) y que tristemente terminan quitándose la vida o muriendo en circunstancias oscuras o desconocidas…

Algunos ejemplos: Marylin Monroe muere a los 36 años de edad, Elvis Presley a los 42, Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Kurt Kobain, Amy Whinehouse, todos ellos a los 27. Robin Williams tristemente se quita la vida en Agosto de 2014. El diseñador inglés Alexander Mcqueen muere a los 40, el actor Heath Leadger a los 28. Vincent Van Gogh fallece a los 37, Edgar Allan Poe a los 40, Tchaikovsky a los 53 años, Ernest Hemingway a los 61, la escritora Virginia Woolf a los 59. Todos ellos grandes prodigios en sus respectivas áreas. La gran mayoría de ellos gozando de prestigio, fama y reconocimiento. Muchos de ellos en situaciones económicas envidiables. Sin embargo, sus muertes llenaron de tristeza y profundo pesar a las personas a su alrededor.

Y así en la lista podemos citar cantantes, deportistas, actores y actrices, políticos, escritores, científicos, religiosos, pastores evangélicos, etcétera, etcétera, etcétera.

Si pensábamos que el dinero, la fama, el reconocimiento son garantía de una vida larga y feliz, esta lista de nombres nos demuestra lo contrario. Hay algo en nuestros corazones que no se llena con dinero, con fama, con desenfreno sexual, con prestigio… ¡No es suficiente! ¡Todas estas cosas no nos satisfacen! ¡Fuimos creados para algo más grande que todo eso! ¡Hay un vacío en nuestros corazones!

 Jesús dijo en Lucas 12:15  “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”

Un profesor en el Seminario nos ilustraba esta verdad de la siguiente forma: Adán y Eva tenían una estrecha relación con Dios. Por causa del pecado, esta relación se rompe. Sin embargo, Adán y Eva (y todos quienes somos parte de esta hermosa familia humana) se han quedado con un vacío en el corazón. ¡Un vacío que sólo al restaurar nuestra relación con Dios se puede volver a llenar! Podemos intentar llenar ese vacío con cosas, pero tarde o temprano hemos de reconocer que ese vacío en nuestros corazones sólo puede ser llenado relacionándonos con Dios a través de Jesucristo

¡Nada llena nuestra necesidad de Dios! ¡Nada! ¡Sólo en Dios llenamos ese hueco en nuestro corazón, que tiene su forma!

 Bien dice el Salmo  62:5-8  “Sólo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi esperanza. Sólo él es mi roca y mi salvación; él es mi protector y no habré de caer. Dios es mi salvación y mi gloria; es la roca que me fortalece; ¡mi refugio está en Dios! Confía siempre en él, pueblo mío; ábrele tu corazón cuando estés ante él. ¡Dios es nuestro refugio!”

Así como el joven de la historia se dio cuenta que el dinero se acaba, que la fama se acaba, que el prestigio se acaba, así nosotros debemos reconocer que “el mundo y sus deseos pasarán, pero el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre” (1era. de Juan 2:17)

 

 

  1. RECONOCER MI PECADO.

Este joven llega a una conclusión: ME EQUIVOQUÉ… HE PECADO. ¡Ese es el corazón de la historia!  ¡Qué difícil es reconocer que hemos pecado!

De manera natural (y yo creo que como una especie de “mecanismo de defensa”), en las situaciones de dolor en nuestras vidas, causadas por nuestro propio pecado, tendemos a:

  • Culpar a otros
  • Justificarnos
  • Ignorar la situación, darle la vuelta
  • Enojarnos con Dios (Proverbios 19:3 La gente arruina su vida por su propia necedad, y después se enoja con el Señor)

Pero si somos sinceros, tenemos que reconocer que muchas de las situaciones que nos traen dolor en el presente, son producto de las males decisiones que hemos tomado en el pasado. Ese es el caso de este joven. Sus malas decisiones le han llevado muy lejos de casa, y le han puesto en una situación sumamente difícil.

Y este joven no se enoja con su Padre, o a su hermano mayor por no detenerle en su idea tonta de alejarse lo más posible de la casa de su Padre. Tampoco se justifica culpando a las circunstancias. El no le echa la culpa a terceros. ¡No!  Él ADMITE SU ERROR Y SU PECADO y opta por comenzar el REGRESO A CASA

Por favor CIRCULA, SUBRAYA, REMARCA, SOMBREA… la frase del versículo 17 que dice “volviendo en si”. En el original griego se podría traducir: “hacia adentro de sí mismo”. Entiende que es un asunto propio y no de otros.

¡Se dio cuenta que la forma en la que estaba viviendo era insostenible! ¡Se dio cuenta de la estupidez que es comer entre cerdos cuando en la casa del Padre hay abundancia de pan! ¡Se da cuenta de que su pecado le ha llevado a una distancia enorme de la casa de Su Padre! Lo mismo pasa contigo y conmigo. Necesitamos reconocer que nuestro pecado nos ha llevado muy lejos de la casa del Padre, y nos ha tenido con hambre y viviendo entre la suciedad.

Este es el corazón de la historia: Hay una TRANSFORMACIÓN, se llama ARREPENTIMIENTO.

Ahora… pongámonos un momento en los zapatos de este joven: Estas arrepentido. Quieres regresar a casa. ¿Qué llevarías de regreso a casa? ¿Qué tendrías entre tus manos para ofrecerle a tu papá? ¿Con qué cara te presentarías delante de aquel a quien ofendiste públicamente pidiéndole tu parte de herencia y deseando irte lo más lejos de su presencia? ¿A qué apelarías para que te deje regresar?

No hay NADA a lo que podamos apelar sino a la pura MISERICORDIA y GRACIA de Dios. ¿Por qué? Porque al igual que este joven, le hemos ofendido en su propia casa, nos hemos alejado lo más posible de Él haciendo de nuestras vidas una miseria. Ahora… ¿con qué cara vamos a regresar? ¿con qué méritos nos vamos a presentar si no tenemos ningunos? A lo ÚNICO que podemos apelar es a su GRACIA y a su MISERICORDIA.

Eso es la salvación: UNA ACTO DE LA PURA GRACIA Y MISERICORDIA DE DIOS POR LOS PERDIDOS, A TRAVÉS DE JESÚS.

“Ten compasión de mí, Dios mío, conforme a tu fiel amor; conforme a tu gran misericordia, borra mis rebeliones. Lava todas mis culpas y límpiame de mi pecado. Reconozco que he sido rebelde, siempre tengo presente mi pecado. Pequé contra ti y sólo contra ti.” Salmos 51:1-4 (PDT)

 

 

  1. RECONOCER LA GRACIA Y LA MISERICORDIA DE DIOS.

¡Me sigue emocionando vez tras vez la escena del regreso!

20  Se levantó y fue a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre le vio y tuvo compasión. Corrió y se echó sobre su cuello, y le besó. 21  El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.” 22  Pero su padre dijo a sus siervos: “Sacad de inmediato el mejor vestido y vestidle, y poned un anillo en su mano y calzado en sus pies. 23  Traed el ternero engordado y matadlo. Comamos y regocijémonos, 24  porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron a regocijarse.

¿Qué hubieras hecho tú si tu hijo te ofende enfrente de toda tu casa y tus siervos pidiéndote la parte de su herencia? Ahora está arrepentido. Pero regresa mugroso, apestando a cerdo, sin nada en las manos, al contrario, se gastó todo lo que a ti te costó toda una vida de trabajos y sacrificios. ¿Qué harías tú? ¿Lo recibirías de vuelta?

Lucas 15:20, 22 (NTV)  “Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó… traigan la mejor…”

¡Wooooow! ¡Es increíble el amor del Padre por su hijo! ¡Él sale a su encuentro! ¡No espero a que llegara a casa, mientras iba por el camino el corrió para abrazarlo y besarlo!

También manda a sus servidores a traerle lo mejor de su casa: Deben traer el mejor vestido largo (símbolo de alto nivel social) y deben vestirlo. En la mano deben ponerle un anillo, probablemente un anillo con el sello de la casa de su Padre (indicación de autoridad y privilegios comerciales). Hay que ponerle sandalias en los pies, porque no es esclavo (que andan descalzos por la casa) sino que su hijo es un hombre libre. También había un becerro engordado que iba a ser sacrificado en alguna ocasión especial cuando se esperaban visitas importantes. ¡Esta es la ocasión perfecta!

¡Tan grande e ilimitado es el perdón que el Padre le ofrece a su hijo, que la manera de demostrarlo es dándole lo mejor que tiene en casa!

Romanos 8:32  El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?

 

 

  1. RECONOCER EL GRAN GOZO EN LA CASA DEL PADRE

Pero en toda buena historia, nunca falta “el negrito en el arroz” o “el villano”… y curiosamente este papel es jugado por el hijo mayor, quien está celoso de que el Padre haya perdonado ¡a su hermano! De hecho, si revisas la historia, ni siquiera le llama “mi hermano” sino que se refiere a él como “tu hijo”

Hay por lo menos cuatro actitudes diferentes que uno puede asumir hacia los que nos han ofendido

  1. odiarlos
  2. considerarlos con indiferencia 
  3. recibirlos cuando se te acercan
  4. ¡buscarlos y regocijarte cuando regresan!

 ¡Dios nos da ejemplo de buscar a quienes están lejos de nosotros, y hacer fiesta a su regreso!

¡El relato termina de una manera increíble! ¡Con una fiesta! ¡Con una celebración!

Mientras más leo la Biblia, me convenzo más que Dios es mexicano jajaja (broma, broma, no se rasguen las vestiduras) ¡A Dios le encantan las fiestas! Pero no le gusta celebrar solito… nooo… ¡le encanta celebrar con nosotros! ¡Le encanta celebrar con Su Pueblo! ¡Toda la Biblia está llena de fiestas y celebraciones delante de Dios! 🙂

Tristemente, en nuestras congregaciones, en ocasiones lo último que hacemos es “celebrar en la presencia de Dios”. A veces a causa de nuestra apatía. A veces a causa de malentender lo que sucede arriba de una plataforma; pensamos que los músicos y los cantantes son parte de un “show” bien elaborado, y que es reconocido por aplausos tras cada canto que ellos ejecutan. ¡Nada más alejado del propósito de Dios para nuestros tiempos de alabanza congregacional! ¡No es un show musical! ¡Es un tiempo de celebración en donde todos aquellos que hemos “regresado a casa” damos Gloria y Honra al Único que es Digno de recibirla: DIOS!

¡Celebremos a Dios en nuestras reuniones! ¡Regresemos al propósito de la alabanza congregacional!

“¡Canten alabanzas a Dios y a su nombre! canten alabanzas en alta voz… Su nombre es el Señor.” Salmos 68:4 (NTV)

“Cantaré al Señor porque él es bueno conmigo.” Salmos 13:6 (NTV)

Algunas de las veces que la orden “CANTEN A DIOS” aparece tan sólo en el Antiguo Testamento, son las siguientes:Éxodo 15, Números 21, 1ero. Crónicas 16, Salmos 9, 30, 32, 47, 66, 68, 81, 96, 98, 100, 135, 147, 149. Isaías 12, 26, 27, 42, 44, 49, 52, Jeremías 20…etcétera. ¡Dios ordena que le cantemos!

¡En los 3 relatos de Lucas 15 hay una fiesta! ¡Cuando la oveja perdida es encontrada hay fiesta, cuando la moneda perdida es encontrada hay fiesta! ¡Cuando el hijo que estaba perdido, regresa, hay fiesta!

¡Dios se regocija cuando alguien regresa a casa! En el Cielo dicen “Aleluya”, porque alguien en la Tierra ha dicho “Amén”.

Lucas 15:32 Pero era necesario alegrarnos y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.”

 

W. Spencer Walton escribe este maravilloso himno:

 “Con ternura me buscó, cuando cansado y enfermo de pecado estaba yo, y en sus hombros me trajo de regreso al redil, mientras ángeles en su presencia cantaban y se alegraban.

¡Oh el amor que me buscó! ¡Oh, la sangre que me compró!

¡Oh la gracia que me trajo al redil, maravillosa gracia que me trajo al redi!”

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Un pensamiento en “Reconociendo el camino a casa

  1. Querido amigo, sin duda alguna es Dios quien con su palabra alienta nuestro corazón. Nuestra oración para que él te siga llenando de su sabiduría; y que tu amor por él, sea cada vez mayor.
    Saludos querido pastor.

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