En el principio Dios…

Conocer al libro de Génesis como el libro de “el principio” o “los orígenes” (“bereshit” en hebreo), es sin duda un entendimiento que marca todo acercamiento posterior a las páginas de la Biblia. Saber que Dios se revela a sí mismo sin lugar a dudas como el Creador de todo lo que existe, define ya por sí una cosmovisión que debe ser centro y base de la vida de todo creyente. Dios es el Creador. Así lo muestra Génesis. Si nosotros somos, es por su voluntad creadora; si nosotros le conocemos, es por su deseo de revelarse y establecer una relación con nosotros. No una relación entre iguales, sino una relación entre Dios y criaturas.

Como seres humanos, debemos nuestra existencia a Dios. Hombres y mujeres por igual hemos sido creados a su imagen, y dotados de singularidades que nos distinguen del resto de la creación divina. Al estudiar Génesis, entendemos en su justa medida la valía que tiene cada ser humano, no por cuestiones como su condición económica, cultural, educativa o racial, sino por percibirnos como creados a Su imagen y semejanza, dotados de dignidad y sentido de propósito.

Con tristeza vemos que en nuestros días, esta dignidad y sentido de propósito pierde su brillo por los efectos del pecado sobre todo y sobre todos. Así lo presenta el mismo primer libro, desde la caída del hombre. Sin embargo, Dios muestra su misericordia al elegir un hombre, para de él levantar una nación especial. Un pueblo para sí. Su formación ha de dar esperanza a toda la humanidad. La esperanza de que Dios permanece Fiel aún a pesar de nuestros errores. La esperanza de una salvación completa a través del linaje de Su pueblo. La esperanza del restablecimiento de una relación entre el Creador y su creación.

Este trabajo presenta de manera brevísima estos 3 aspectos importantes presentados en Génesis: Dios el Creador, el hombre y el nacimiento de la nación israelita. Estos 3 aspectos son fundamentales para un mejor entendimiento de la obra de Dios en nuestro mundo y en nuestras propias vidas.

 

1.- Dios en la creación del universo

En la primera declaración de Génesis, no debemos pasar por alto la naturaleza única, personal y libre de Dios. Dios no es una idea, Dios no es una fuerza, Dios no es el resultado de alguna causa primigenia. Dios es un Ser Personal, Todopoderoso, Creador y la Causa de todo cuanto existe. Dios es Eterno. Además de ello, Dios es Uno. Esto distingue fundamentalmente a muchos otros sistemas religiosos politeístas o animistas de la época. Dios es Único y es un Ser Personal. Como bien lo indica Van Imschoot “El monoteísmo es la creencia en un Dios único, con exclusión de toda otra divinidad… Según los primeros capítulos de Génesis, desde los orígenes de la humanidad se ha manifestado el Dios único.” (pp. 65, 66). Además de ello, el relato muestra “los rasgos propios de una actividad personal y espiritual y de una intencionalidad moral.” (Eichrodt, p. 106). Esto es mostrado desde el relato mismo de la creación.

Este Dios único es quien creó “los cielos y la tierra”. Los verbos que designan la acción creadora “describen poéticamente la acción creadora de Dios como la de un artesano o arquitecto, como la de un padre… el verbo “bará”, sólo se emplea para designar la acción de Dios que produce un objeto o un prodigio… Yavé aparece en él clarísimamente como el autor único de la tierra y del cielo y de todo cuanto vive sobre la tierra: los vegetales, los animales y el hombre, para quien ha sido hecho todo lo demás.” (Van Imshoot, pp. 135-137)

Aunque varios teólogos coinciden que el relato muestra preponderantemente a Dios estableciendo orden en un caos, la “creatio ex nihilo” es fuertemente respaldada por la expresión “bereshit” (en el principio). Eichrodt (citando a Hönigswald) comenta: “Con el término “bereshit” se afirma un comienzo absoluto de la creación, un comienzo normativo, y no causal, en la concepción de la génesis del mundo… el narrador acude al verbo “bará”, ´termino técnico para indicar la acción maravillosa de Dios que produce algo sorprendentemente nuevo.” (pp. 111-112)

De la misma manera, el relato establece la independencia de Dios con lo creado. Dios no se confunde con su creación, aun cuando se relaciona desde los mismos orígenes con la misma. Jacob dice “El arquitecto no se confunde con la creación; Dios coloca su creación en situación independiente de sí.” (p. 133)

Lo que Dios creó presenta superioridad absoluta sobre lo que el hombre “crea”. “La superioridad del “bará” divino” sobre las creaciones humanas se observa también en el hecho de que el medio, sino siempre el resultado, la obra acabada y perfecta” (Jacob p.139).

Teológicamente, la creación y su relato, son el principio solamente de las relaciones que Dios desea tener con el hombre y con su misma creación. Es el punto de partida de los propósitos divinos para el ser humano. “En Israel, la creación señala un comienzo. La palabra “reshit” es todo un programa, porque nos muestra que el plan de Dios en la historia toma su punto de partida en la creación… la historia misma comienza en la creación, ésta posee un carácter histórico, es un acontecimiento que llena el tiempo… la creación, que posee un principio y una historia, tiene igualmente un fin… la creación es en el Antiguo Testamento un concepto escatológico.” (Jacob, pp. 134-137)

Así pues, la creación del universo tiene como riqueza primordial la revelación de Dios. Aun cuando los primeros capítulos de Génesis relatan la creación como tal, el centro de todo es Dios. No hemos de perder de vista esto.

 

2.- El hombre

El relato de Génesis muestra especial interés en la creación del hombre. Hombre y mujer son creados por Dios, y su centralidad en el pasaje muestra la peculiar posición que tiene la humanidad dentro de toda la creación divina. En su aspecto material, el hombre no es diferente a otros seres en la creación. Muchas funciones orgánicas son desarrolladas por otros seres vivos. La fragilidad, la debilidad y los límites del ser humano, son elementos que comparten con otros seres de la creación. Para Jacob, los términos para designarlo nos lo indican: “Adam” apunta a su humanidad, “enosh” a su debilidad, “isch” a su poderío, y “geber” a su fuerza. (Jacob p. 151)

Jacob menciona: “En apariencia, nada distingue al hombre de las otras criaturas; según el relato yahvista de la creación, el hombre es creado del polvo de la tierra, y los animales son formados de la “adamah”…su existencia es efímera, e inexorablemente se termina por la muerte.” (Jacob, p. 146). Continúa diciendo: “Paralelamente a la afirmación del carácter efímero y limitado del hombre, el Antiguo Testamento no cesa de proclamar la eminente dignidad que le confiere su especial lazo de unión con Dios. Este lazo no es una relación de parentesco, el hombre no es un dios caído… es colocado por Dios como una criatura independiente y autónoma, a la que se confía el dominio sobre el resto de la creación por su condición de imagen de Dios. De ahí que el hombre, aunque participe de las leyes que regulan el dominio de las cosas creadas, se halle más cerca de Dios que las otras criaturas: aunque el hombre y los animales han sido creados el mismo día –lo que pone de relieve su parentesco-, una infranqueable barrera les separa, porque la función principal de la imagen consiste precisamente en el dominio sobre los animales y en el mantenimiento de la distancia que de la esfera humana separa a estos últimos.” (Jacob p. 147)

En la teología veterotestamentaria, el hombre era un ser integral, compuesto por una parte material y una parte inmaterial. Muchos de los términos ocupados para describir al hombre, son utilizados en diferentes formas y contextos para hacer referencia al ser humano, es decir, se usan indistintamente, lo cual hace difícil una sola definición para cada uno de los términos con los cuales la Escritura describe al hombre. Jacob lo dice de la siguiente manera: “Tratar de presentar la antropología del Antiguo Testamento con la ayuda de nuestros conceptos y de nuestro lenguaje moderno es correr a un fracaso seguro. No podemos hallar en el Antiguo Testamento la oposición entre alma y cuerpo; tampoco una concepción tricotomista (alma, cuerpo, espíritu) del ser humano. El hombre es un ser psicofísico.” (p. 151) Eichrodt afirma lo mismo: “Diferencia en el ser humano un aspecto espiritual, interior, y otro corporal, tal como aparece en los dos relatos de la creación, no es sólo una opinión peculiar de estos relatos, sino un elemento constitutivo de toda la visión veterotestamentaria del hombre. Aun prescindiendo de las afirmaciones sobre ese doble aspecto del ser humano, encontramos por doquier la idea de que, por una parte el hombre está hecho de materia terrestre, que es polvo y ceniza, mientras que por otra, puede presentar como suya una potencialidad espiritual que lo convierte en un yo consciente. Este segundo aspecto, el espiritual, se designa con toda una serie de expresiones que lo presentan desde puntos de vista diferentes.” (p. 137)

Con respecto a la imagen de Dios en el hombre, Van Imschoot señala: “Es preciso pensar que el autor ve en la semejanza con Dios lo que distingue al hombre de los otros seres vivientes: su facultad de pensar y querer por sí mismo (Salmo 32:9), es decir, lo que constituye de él una persona; así el hombre es representante de Dios en la tierra, un ser semejante a Elohim, un ser capaz y digno de ejercer el imperio que Dios le ha otorgado sobre todos los animales…Como el autor de Génesis 1:26-27, el salmista (Salmo 8) es consciente de la distancia que separa a Yavé, el Dios creador, el Altísimo, del hombre: si el hombre es casi un ser divino, un Elohim, si es poderoso y lleno de majestad, si es el rey visible de los animales y el lugarteniente del Rey celestial; en una palabra, si es la imagen de Elohim, se lo debe a Yavé, su creador y creador también del universo…el hombre ha sido creado para la inmortalidad, y lo mismo digamos en cuanto a la imagen de Dios cuyo atributo es la eternidad.” (pp. 314, 315)

Describiendo al hombre, la mayoría de los libros de teología veterotestamentaria, lo hacen en estos términos: la carne (“bassar”) cuya acepción principal es a la parte material del hombre (músculos, huesos, carne) y por sinécdoque a todo el cuerpo. En ocasiones la expresión “toda carne” puede designar a todos los seres vivientes, o a los hombres, o a los animales, o a ambos. El alma (“nephesh”) tiene en los lenguajes semíticos el significado de “respiración” o “soplo”. En un sentido básico, significa el signo de la vida, o soplo vital. Al igual que “bassar”, “nephesh” también puede ser empleado para referirse por sinécdoque a alguna clase de ser viviente o a todo ser viviente. El “nephesh” también considera fenómenos psíquicos: hambre, sed, saciedad, deseo, alegría, odio, tristeza, amor. Se distingue de “ruaj” porque tiene mayor vinculación a órganos corporales (Imschoot, pág. 363). El soplo (“nesamah”) primordialmente toma el sentido de “soplo”. El espíritu (“ruah”) también proviene de la idea de “soplo” y “soplo viviente”. Se ocupa paralelamente que “nephesh” y “nesamah” en ese sentido. También es sede de los sentimientos y la actividad intelectual.

Hablando de la dificultad para definir los límites en los términos con los cuales el Antiguo Testamento describe al hombre, Imschoot dice: “Esto prueba una vez más  cuán imprecisos son los términos y las nociones de la psicología hebrea… De suerte que no se debe de hablar ni de tricotomía ni de dicotomía en el Antiguo Testamento; al hombre se le concibe sintéticamente, como un “organismo psico-físico”. (pp. 365, 375)

 

3.- La nación israelita

Como dice Gelin: “El Antiguo Testamento es la historia de la religión verdadera… es la historia de ese pueblo que vivió una serie de grandes realidades: la elección, la promesa, la alianza, el reino, el exilio, la comunidad. Sus experiencias, sus búsquedas, sus fracasos, sus sueños y sus afirmaciones constituyen el tema de esta historia. Ese pueblo aparece movido por un impulso religioso que lo induce a superarse constantemente a sí mismo, a volver a pensar a nivel más espiritual todo aquello que anteriormente había vivido y pensado de una forma menos digna de Dios… El Antiguo Testamento es preparación del Cristo.” (pp. 7-8)

Este devenir del pueblo de Dios tiene también su origen (así como el del universo) en Génesis. Y de la misma forma que la libre voluntad divina comenzó todo, Él mismo es quien se revela y establece su “pacto” o su “alianza” de manera soberana con su pueblo. El concepto de “elección” (“bachar”) es primordial para entender la formación de Su pueblo. No es el hombre el que busca a Dios, sino Dios quien busca al hombre. Como menciona Jacob, “(la elección es) la acción inicial por la cual Yahvé entra en relación con su pueblo y la realidad permanente que asegura la permanencia de aquella relación. Toda intervención en la historia es una elección: tanto si lo que elige es un lugar en el cual manifestarse de manera especial como si lo que elige es un pueblo mediante el cual llevar a cabo sus propósitos, o un hombre para que sea su representante o portavoz, en todos los casos el Dios del Antiguo Testamento es quien por disponer de la soberanía universal, la manifiesta por su utilización libre.” (p. 191)

De igual forma, la Escritura nos muestra que no es en base a mérito alguno la elección de Dios al formar un pueblo, sino por su gran amor. Deuteronomio 7:6-8 “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto.”

Aun cuando muchos estudiosos fechan la consolidación del pueblo de Dios hasta la experiencia libertadora ocurrida en el éxodo de Egipto, no se debe perder de vista que es en Génesis en donde Dios ha una promesa y un pacto con Abraham para la formación de Israel a través de su descendencia. El concepto de “pueblo” en la teología del Éxodo, está estrechamente relacionado con la experiencia de liberación y el desarrollo de la Ley, mientras que en la teología de Génesis, es la gracia en la elección de Abraham para multiplicar su descendencia, bendecirle, y hacer de ellos Su pueblo.

Como señala Imschoot, “Israel es objeto de ella (la elección divina) desde el día en que Yavé ha separado a Abrahán de su tierra y de su familia, para hacer de él una gran nación y una fuente de bendiciones para todas las familias de la tierra (Génesis 12:1-3) y para dar a su posteridad la tierra de Canaán (Génesis 12:1, 13:14-17, 24:7, 28:13-14)… De hecho, el Dios de Abrahán, Isaac y de Jacob, haya o no haya sido invocado con el nombre de Yavé, era, en tiempo de los patriarcas, el Dios protector de la familia y del clan, como, después de la unión de las tribus en un solo pueblo, Yavé fue el Dios de Israel. ” (pp. 322, 323).

Sin embargo, para Jacob, el nombre Israel para designar ya al pueblo de Dios (aun cuando el escritor sea Moisés) unido en cuanto a su concepción de Dios: “Los términos mediante los cuales Israel se designa a sí mismo, expresan, cada uno a su manera, la elección divina. El nombre de Israel mismo es probablemente desde su origen el de un grupo de tribus unidas por un lazo religioso y cultual…En el capítulo 32 del Génesis, el nombre es interpretado como “aquél que lucha con Dios”, y el objeto del relato es hacer llegar este nombre colectivo al antecesor mismo de las doce tribus.” (pp. 193, 194). Es así como desde el primer libro comienza a gestarse la idea de una comunidad. A lo largo de las Escrituras, la relación personal entre Dios y los hombres se ve envuelta en el sentido de la comunidad o del “pueblo”. Aun si es desde sus orígenes menos estructurados (clan) o si es en comunidades mejor organizadas, la idea de la comunidad corre a lo largo de la Palabra de Dios. “Israel, por tanto, participa del sentido comunitario típico de una cultura nómada, como correspondía a la forma de vida de las tribus itinerantes de sus primeros tiempos. Por esta razón el individuo en Israel sólo puede concebir su existencia como miembro de su tribu, desconociendo la posibilidad de una vida fuera de ese círculo.” (Eichrodt pag. 240)

 

CONCLUSIÓN

Desde el libro de Génesis encontramos ideas teológicas que corren a lo largo de toda la Escritura. Dios como Creador de todo se revela a sí mismo desde el principio del tiempo y de las cosas, pero con un carácter diferente a todas las concepciones teológicas contemporáneas. Él es Soberano de su creación y no producto o parte de ella.

De igual manera, la concepción bíblica del hombre, aún a pesar de la caída, es la de criatura hecha a la imagen de Dios. Su dignidad le permite enseñorearse de la creación visible, narrado así desde Génesis. Es un ser integral, formado por una parte material y otra inmaterial, y encuentra su propósito de vida en su relación positiva con el Creador.

La idea de comunidad surge también en Génesis. Abraham ha de ser cabeza del pueblo mediante el cual Dios ha de invitar a los demás pueblos a una relación con Él. Israel, aún en su estado primigenio de tribu o clan, es ya pueblo de Dios mediante su soberana elección y amor.

Así pues, estos 3 conceptos teológicos importantísimos, se dejan ver con claridad desde el Génesis. Se establecen como una base sólida sobre la cual la vida del creyente ha de fundamentarse. Errar en las concepciones de Génesis de cualquiera de los puntos tratados en este brevísimo trabajo, ha de resultar en una falsa reflexión acerca de Dios o su creación, una falsa idea del hombre y su dignidad, y una falsa definición del sentido comunitario que Dios diseñó desde tiempos remotos.

 

BIBLIOGRAFÍA

Imschoot, P. Van. Teología del Antiguo Testamento. Madrid, España: Ediciones Fax, 1966.

Eichrodt, W. Teología del Antiguo Testamento II. Madrid, España: Ediciones Cristiandad, 1975.

Jacob, E. Teología del Antiguo Testamento. Madrid, España: Ediciones Marova, 1969.

Gelin, A. Las ideas fundamentales del Antiguo Testamento. Barcelona, España: Editorial Estela, 1967.

 

 

 

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Un pensamiento en “En el principio Dios…

  1. Querido amigo, me gusta la interpretacion de que el hombre es un representante de Dios en la tierra en cuanto al cuidado que debe tener de la creación divina. Sin duda la falta de humildad a tan enorme privilegio ha hecho que las manos del hombre sean las que destruyan la inigualable creación de Dios.
    Interesante estudio. Bendiciones.

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