El ejemplo de Antioquía

“Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor.” Hechos 11:21

Una de las comunidades cristianas que destacan en el primer siglo es, sin lugar a dudas, la Iglesia de Antioquía de Siria.

Antioquía fue una próspera ciudad situada en la provincia de Cilicia (hoy al sureste de Turquía) a casi 30 kms. del Mar Mediterráneo y casi 500 kms. al norte de la ciudad de Jerusalén. Era en épocas del Nuevo Testamento, la 3er. ciudad más importante de todo el imperio romano, sólo precedida por Roma (la capital) y Alejandría (en el norte de Egipto). Culturalmente era reconocida en todo el mundo conocido, y era “puente” entre las diversas regiones del imperio

Es en esta ciudad donde Lucas, en su capítulo 11 del libro de los Hechos de los Apóstoles, narra que nace una de las comunidades cristianas de más influencia en el avance del evangelio, no sólo para su generación, sino para toda la historia. Baste decir que el término “cristiano” fue acuñado precisamente en Antioquía (Hechos 11:26) para referirse a las personas que reconocían y confesaban a Jesúcristo como su Salvador y Señor, viviendo también acorde a su fe. Además, la iglesia de Antioquía es la “enviadora” (ocupando términos misioneros) de Bernabé, Pablo y sus acompañantes, a través de varias regiones del imperio, predicando el evangelio de Jesucristo. En otras palabras, el cristianismo alcanzó a gran parte del mundo conocido, gracias a la labor realizada desde la iglesia en Antioquía.

¿Qué características tenía esta iglesia para alcanzar a su generación con el mensaje del evangelio? ¿Qué podemos imitar de la iglesia en Antioquía?

 

CREYENTES SIN PROTAGONISMOS Y QUE SUPERAN BARRERAS

Cuando leemos la historia de la formación de esta iglesia, notamos que quienes predican en aquella ciudad multicultural, lo hacen sin hacer acepción de personas. Recordemos que para esta época, la gran mayoría de creyentes en Jesús son de raza judía. Recordemos también que ciertas costumbres judías, no les permitían tener acercamientos con personas gentiles (no judías). El relato de Hechos 11 nos dice que los creyentes salidos en la dispersión por causa de Esteban, iban predicando pero sólo a judíos, sin embargo“… había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús.” (Hechos 11:20). Desconocemos los nombres de estos chipriotas y cireneos que predicaron la Palabra. Son totalmente Anónimos para nosotros. Sin embargo, lo que sí deja constancia la Escritura, es que ellos se atrevieron a superar fronteras, tanto geográficas como culturales, al predicar también a “los griegos”.

Aprendemos de ello que muchos de los grandes movimientos en la historia de la iglesia han sido gestados por anónimos valientes. A veces nos deslumbran los grandes nombres ¡y olvidamos que detrás de ellos hay un ejército de fervorosos creyentes anónimos! ¡Creyentes anónimos como los de Chipre y Cirene, que llevaron el evangelio a Antioquía sin importar las barreras! El evangelio no se trata de grandes nombres o de anunciarlo haciendo acepción de personas. El evangelio es el mensaje en donde sólo UNO, JESÚS, debe ser reconocido, y en donde TODOS, SIN DISCRIMINACIÓN, deben ser invitados a seguirle.

 

CREYENTES FIRMES Y CONSTANTES EN SUS DISCIPLINAS ESPIRITUALES

Esta nueva iglesia en formación, necesitaba ser instruida en la Palabra. Vemos lo que sucede a continuación: “Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente” (Hechos 11:25-26a) El estudio de la Palabra fue algo característico de los nuevos creyentes en Antioquía. Existió un esfuerzo deliberado de enseñanza. No se les abandonó a creencias erróneas causadas por su trasfondo. Bernabé y Saulo invirtieron un año de sus vidas enseñando a la Iglesia en Antioquía. ¡Un año!

De igual manera, observamos que la oración, el ayuno y el servicio, eran parte de la vida de los creyentes de dicha iglesia. Tan sólo los 3 primeros versículos del capítulo 13, nos mencionan los 3 elementos: Oración, Ayuno y Servicio.

Si deseamos ser iglesias que impacten a nuestra generación, debemos vivir la Palabra, la Oración, el Ayuno y el Servicio. Debemos cultivar dichas disciplinas espirituales, tanto individual, como colectivamente. Para ello no hay atajos. Se trata de vivir estos 4 aspectos de forma constante.

 

CREYENTES CON CORAZÓN SENSIBLE A LA NECESIDAD

El capítulo 11 de Hechos, en los versos 27 y 28, describe una gran hambre en toda la tierra. La respuesta de la naciente iglesia en Antioquía, no se hizo esperar: “Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo “(Hechos 11:29-30)

¡Es sorprendente! ¡Tienen pocos meses en el evangelio y ya se les llama discípulos! ¡Y bien ganado que tienen ese honroso título, pues ante la necesidad de sus hermanos en Jerusalén, de lo que tienen, les envían ayuda!

Con tristeza reconocemos que en ocasiones, mientras más avanza el tiempo, el amor por el Señor se va enfriando, y en consecuencia nuestra sensibilidad ante las necesidades de los demás. Muchos nuevos creyentes muestran más amor por los demás, que creyentes que tenemos mucho tiempo en Cristo. Eso no debería ser así. Debemos seguir el ejemplo de los discípulos de Antioquía, que no importando que tal vez también ellos pasaban necesidad,  que teniendo poco tiempo de haber conocido a Cristo, abrieron su corazón y extendieron su mano para satisfacer la necesidad.

Es hermoso ver a iglesias como la de Antioquía, invirtiendo sus recursos materiales en las cosas importantes y no en las superfluas. Podemos aprender mucho de ellos.

 

CREYENTES DIVERSOS Y CON DIVERSIDAD EN SU LIDERAZGO

“Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.” (Hechos 13:1)

Cuando Lucas escribe la lista de los líderes en la iglesia de Antioquía, en ocasiones pasamos por alto lo más evidente… ¡que es una lista! ¿A qué me refiero? A que el liderazgo de aquella iglesia no está centralizado en una persona sino que la responsabilidad se comparte entre varias personas. Hay varios profetas y maestros en la iglesia. No es uno sólo. Esto debe invitarnos al liderazgo compartido y no egoísta. ¡Que peligro se corre cuando un líder no presta atención al consejo de otros, o que piensa que su voz es infalible sobre la iglesia! ¡Compartamos el liderazgo con otros!

La segunda cosa digna de resaltar es la diversidad de las personas que ejercen ese liderazgo en Antioquía. En el grupo encontramos a Bernabé (judío de Chipre), a Simón llamado “Niger” (negro) que algunos especulan incluso que podría haber sido aquél que ayudó a cargar el madero de la cruz a Jesús (Mateo 27:32, Marcos 15:21, Lucas 23:26) dado que de Cirene (norte de África) y de Chipre salieron quienes llevaron el evangelio a Antioquía. También se encuentra Lucio de Cirene y Manaén, quien se había criado en un ambiente de realeza de la familia de “los Herodes”. Finalmente, Saulo, judío de Tarso de la provincia de Cilicia.

Es notoria la diversidad tanto racial como cultural de los líderes de la iglesia. Seguramente cada uno de ellos conservaba un bagaje cultural muy diferente al de los demás, pero eso, lejos de impedir su trabajo en unidad, era un factor de riqueza en la iglesia. Todos ellos, de diferentes razas, de diferentes regiones del mundo, de diferente educación muy probablemente, eran dirigidos por el mismo Espíritu Santo.

Aprendemos de ellos que la unidad dentro del Cuerpo de Cristo no significa uniformidad. La Unidad se expresa en la diversidad, pero siempre dirigida por el Espíritu Santo. No busquemos que todos sean iguales a nosotros. No pensemos que todos deben hablar como nosotros, pensar como nosotros, hacer las cosas a la manera en que las hacemos nosotros. ¡Es imposible! Maduremos en trabajar codo a codo con personas completamente diferentes a nosotros, pero guiadas, al igual que nosotros, por el Santo y Divino Espíritu.

 

CREYENTES CON UN COMPROMISO SERIO CON LA GRAN COMISIÓN

Finalmente, la iglesia en Antioquía tenía claro su objetivo: predicar el mensaje del evangelio a todo el mundo. Se habían apropiado en lo profundo de su ser la Gran Comisión de “id y hacer discípulos a todas las naciones”. Nada los detendría en ese propósito divino. La iglesia de Antioquía, además de ser una comunidad que crecía en madurez al interior, enfocaba sus esfuerzos a alcanzar con el evangelio a todo aquel que no lo hubiera escuchado.

No debemos ignorar la trascendencia de la iglesia de Antioquía para el cristianismo. Simplemente se convirtió en la iglesia que llevó el mensaje del evangelio a todo el mundo conocido, siendo la “enviadora” de Bernabé, Saulo y sus colaboradores. Así de importante. Así de trascendente.

 

¡Que Dios nos permita vivir en iglesias donde el protagonismo brille por su ausencia. En iglesias que superan las barreras sociales, culturales, raciales. Que seamos parte de una iglesia firme y constante en sus disciplinas espirituales. Que nuestro corazón extienda su mano para ayudar en la necesidad. Que encontremos la unidad en la diversidad. Y que atesoremos y vivamos la Gran Comisión!

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3 pensamientos en “El ejemplo de Antioquía

  1. El gran problema de la religión y la fe hoy en día tiene que ver con el protagonismo, tristemente vemos que este mal a alcanzado a los cristianos evangélicos, siendo este el motivo de que nuestras iglesias lleven a cabo sus actividades con el propósito de darse a conocer a si mismos sin importarles el dar a conocer a Jesucristo, Oraremos para parecernos más a los primeros cristianos del primer siglo.

  2. Transparente y de aprendizaje tu ensayo hermano Chucho. Personalmente te comparto que mientras sea mayor el egoísmo de nosotros “los hermanos en cristo” no podremos ser luz en este mundo, dar las buenas nuevas, compartir de un Dios vivo y real; ni podremos tener un crecimiento espiritual si no nos humillamos delante de Nuestro Creador y Padre Celestial. “Así que humíllense ante el gran poder de Dios y, a su debido tiempo, él los levantará con honor. Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque Él cuida de ustedes.” 1 P. 5:6-7(NTV)

  3. Muy bueno el tema; un gran legado para el cristiano. Desafortunadamente no puedes dar lo que no tienes, hace falta seguir las huellas, para que queden grabadas y se puedan compartir.

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