Tierra Santa

“Luego presentaron testigos falsos que decían: “Este hombre no deja de hablar palabras contra este santo lugar y contra la ley. Porque le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar y cambiará las costumbres que Moisés nos dejó.” Entonces, todos los que estaban sentados en el Sanedrín, cuando fijaron los ojos en él, vieron su cara como si fuera la cara de un ángel.” (Hechos 6:13-15)

Esteban, cuyo nombre significa “corona”, es uno de los personajes del Nuevo Testamento que nos causa mayor admiración, pues su valentía y elocuencia predicando el evangelio ante fieros opositores, le llevó a ser asesinado por lapidación en los primeros años del cristianismo en Jerusalén.

El capítulo 6 del libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta algunas de las características de Esteban. Es descrito como un varón sabio, lleno del Espíritu Santo, y lleno también de fe. Fue elegido para distribuir la ayuda que la comunidad entregaba a las viudas en Jerusalén. Sin embargo, en un encuentro con las autoridades religiosas judías, le acusan de hablar mal del santo lugar (el Templo de Jerusalén) y de Moisés (autor, inspirado por Dios, de la Ley)

Esteban, de manera magistral, nos regala un mensaje extraordinario en el capítulo 7 del libro de los Hechos, en el cual, nos lleva por un recorrido “express” de la vida del pueblo de Israel a través de los siglos. Su hermoso mensaje es un brevísimo pero elocuente recuento de la intervención divina, en diferentes etapas de la vida de los líderes de Su pueblo.

 

SANTO LUGAR. TIERRA SANTA.

El majestuoso Templo reconstruido por orden del Rey Herodes, era motivo de admiración y orgullo por parte de la mayoría de las autoridades judías. Finalmente el Templo fue destruido y saqueado en el año 70 d.C. por las tropas romanas de Tito.

A lo largo de la historia, muchos lugares han sido considerados como “santos”. Sin lugar a dudas, uno de los más importantes ha sido Jerusalén. Durante siglos, Jerusalén fue adquiriendo el mote de “Tierra Santa”, y la historia ha sido testigo de encarnizadas luchas entre ejércitos de diferentes religiones, para apoderarse del dominio de “la ciudad de David”.

Regresando al capítulo 6 del libro de los Hechos, encontramos a las autoridades judías refiriéndose al Templo como “el santo lugar”. Esteban, citando las Escrituras nos muestra a un Dios que se relacionó con Su Pueblo Israel, en diferentes épocas, en diferentes lugares y en diferentes circunstancias. Esteban nos muestra a un Dios que no está limitado a ciertas “paredes santas” o “lugares santos” para tener encuentros con Su Pueblo. El “santo lugar” es el lugar de encuentro entre Dios y el hombre, como Esteban nos presenta en su maravilloso discurso:

 

1) DIOS APARECE A ABRAHAM EN MESOPOTAMIA (Hechos 7:1-8)

Esteban comienza su discurso hablando acerca del Padre de Israel: Abraham. Génesis 11 y 12 nos narran como Dios va al encuentro de Abraham cuando éste vivía en tierras de Mesopotamia. De hecho, la ciudad de Abraham era Ur. Así, la promesa de Dios para Abraham, acerca de la gran nación que llegaría a ser Israel, ¡comienza con un encuentro en tierras mesopotámicas! Dios comenzando a formar un pueblo, en Mesopotamia

 

2) DIOS ESTABA CON JOSÉ EN EGIPTO (Hechos 7:9-19)

Esteban continúa su discurso ahora hablando de José. Génesis también es el libro de Moisés que nos cuenta la historia, en sus capítulos del 37 al 50. En reiteradas ocasiones la historia nos dice “y Dios estaba con José” ¿en dónde? ¡En Egipto! (Génesis 39:2,21,23) Egipto fue el escenario que Dios utilizó incluso para sustentar a Su Pueblo en un largo período de hambre y escasez mundial. Dios sustentando a Su pueblo, en Egipto

 

3) DIOS LLAMA A MOISÉS EN EL DESIERTO DEL MONTE SINAÍ (Hechos 7:20-44)

Esteban sigue con su discurso ahora hablando de Moisés. Leyendo Éxodo 3, sabemos que Dios va al encuentro de Moisés en el desierto del monte Sinaí. Dios se presenta a él en medio de una zarza ardiente, y le llama para que rescate al pueblo de Israel de la esclavitud de la cual ahora son presa en Egipto. En tal encuentro, Dios dice a Moisés: “No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.” (Éxodo 3:5) ¡Tierra Santa! ¡El desierto del monte Sinaí es llamado por Dios “tierra santa”! A lo largo del libro de Éxodo, vemos a Dios manifestándose poderosamente en medio de Su Pueblo. Desde las plagas, la salida milagrosa abriendo el Mar Rojo, hasta la provisión sobrenatural de agua y alimento, la preservación de sus vestidos, la columna de nube y la columna de fuego en su travesía por el desierto. Dios rescatando y guiando a Su pueblo, en el desierto de la península del Sinaí.

 

4) DIOS MUESTRA SU GLORIA A SALOMÓN EN EL TEMPLO DE JERUSALÉN (Hechos 7:44-50)

Esteban llega casi al final de su discurso hablando del Templo construido por Salomón. El 2do. libro de las Crónicas, capítulos 6 y 7, narran este evento. Salomón finalmente edifica el Templo en la ciudad de Jerusalén que su padre David había tomada como capital de Israel. El sabio rey Salomón, pronuncia una hermosa oración para ofrendar la construcción al Único Dios Verdadero. Y dice lo siguiente: “Mas ¿es verdad que Dios habitará con el hombre en la tierra? He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que he edificado?” (2do. Crónicas 6:18) Salomón sabía que un Templo, por muy grande y majestuoso que sea, es insuficiente para “contener” la presencia de Dios. Al término de esta hermosa oración, Dios llena el Templo con Su Gloria (2do. Crónicas 7:1-3) Aún así, vemos a Dios mostrando Su Gloria a Su Pueblo, en el Templo de Jerusalén.

Es por ello que Esteban termina su discurso (Hechos 7:49-50) citando al profeta Isaías (Is. 66:1-2) “Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies;¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.”

 

CONCLUSIÓN

En lo personal, considero deseable que cada iglesia local establezca un lugar dedicado única y exclusivamente para sus reuniones y su vida comunitaria de adoración a Dios. Eso sería lo deseable. Sin embargo, muchas circunstancias llevan a las iglesias a rentar diferentes clases de locales, o a reunirse (incluso por causas de severa persecución) en distintos lugares semana tras semana. Otras iglesias no cuentan con los recursos económicos para adquirir alguna propiedad, y se ven en la necesidad de adaptar casas o locales comerciales para llevar a cabo sus reuniones.

En el otro extremo, encontramos formas de cristianismo que le adjudican “poderes” a cierta clase de “lugares santos”. Dichos espacios son tan respetados, admirados y amados por las personas, que poco a poco van convirtiéndose en espacios en donde, según dichos grupos, “está la presencia de Dios”. Con tristeza se convierten en espacios idolátricos, en donde la gente rinde adoración al lugar, más que utilizar el lugar para adorar a Su Creador.

Esteban nos muestra en su discurso un hermoso equilibrio. Nos muestra a Dios saliendo al encuentro del hombre, ya sea en Mesopotamia, ya sea en Egipto, ya sea en el desierto de Sinaí. Dios no está limitado a ningún espacio para encontrarse con el ser humano. Y lo mismo es cierto hoy. Nuestro tiempo de oración y de lectura bíblica por las mañanas, se convierte en ese “lugar santo” en donde nos encontramos con nuestro Señor. Sin embargo, la existencia de un templo en el cual nos reunamos como Su Pueblo, Su Cuerpo, Su Iglesia, para adorarle colectivamente y “ver Su Gloria”, es algo deseable para toda iglesia local, siempre y cuando no se le adjudiquen a los ladrillos, varillas y cemento, consideraciones “santas” o “mágicas” o “poderosas”, que por supuesto jamás tendrán. Entendiendo también que un espacio, por más lujoso y majestuoso que sea, nunca podrá contener al Dios Creador de todo lo que existe. Él no está interesado en lugares de piedra y yeso. Él está interesado en personas de carne y hueso.

Recordemos que, en Cristo, los creyentes somos el templo de Dios. ¡El Espíritu Santo mora en los cristianos! (1era. de Corintios 3:16)

Esteban, citando Isaías, nos comparte el requisito para hallarnos con Dios en esos “lugares santos”: “miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.”

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