Actitud Faraónica

Éxodo 1:8 “Tiempo después, subió al poder de Egipto un nuevo rey que no conocía nada de José ni de sus hechos”

Al leer las últimas páginas del libro de Génesis y comenzar con las primeras del libro del Éxodo, uno puede percibir un cambio abismal en las condiciones de vida del pueblo de Israel, y en la actitud de Faraón hacia ellos.

Cuando leemos los capítulos finales de Génesis, vemos a José administrando con gran capacidad y sabiduría sobre todo Egipto. Dios le había levantado a una posición de poder e influencia. José, bajo la dirección de Dios, había salvado a toda la nación egipcia (y a los pueblos vecinos) de un período de hambre, escasez y crisis. Génesis nos narra, en su parte final, el reencuentro de José con su familia. Faraón permite entonces que Jacob y toda su descendencia, habiten una región prospera y fértil para la ganadería: la región de Gosén en Egipto.

Sin embargo, los primeros capítulos de Éxodo nos muestran un panorama totalmente diferente. Han pasado 400 años. Hay un nuevo Faraón reinando en Egipto que se ha olvidado de la gran labor salvadora que José efectuó a favor de los egipcios. Ahora, los descendientes de Jacob, viven en terrible esclavitud. Todo su trabajo e ingenio es destinado a levantar ciudades (Pitón y Rameses) para almacenar la riqueza de Faraón.

¿A qué se debe un panorama tan distinto? ¿Qué ocurre en el corazón de un hombre para echar en tierra y olvidar lo que alguien más ha hecho, no sólo por él, sino por todo su pueblo?

Comparto un breve fragmento que escribió el Pastor Daniel Jiménez Torija (Director del Seminario Teológico Bautista Mexicano), que describe con mucha claridad este tipo de “actitud faraónica” que debemos evitar en nuestras vidas:

” FARAÓN. Se menciona no menos de 102 veces en todo el libro, aparece el titulo pero nunca su nombre. De esa forma los autores bíblicos nos muestran a un tipo de persona, el tipo de persona que oprime, controla y solo busca sus beneficios. ¿Cómo son los “faraones”?

A. Olvidan Los Beneficios. 1:8-10 En momentos difíciles Jo- sé fue el salvador de faraón y su pueblo. Ahora esos beneficios se han olvidado. Ya no se conocen, ya no se recuerdan, ya no se consideran. Los egipcios solo ven a los israelitas como un peligro o como una mano de obra barata. Los ven como enemigos o como esclavos. Cuando olvidamos los beneficios recibidos por otros corremos el peligro de volvernos sus opresores. Si no amamos nos volveremos tiranos sobre los demás. Al camino al “faraonato” inicia con el olvido de los beneficios de quienes nos han rodeado. El olvidar los beneficios prepara nuestro corazón para cosas peores, como la ingratitud, la insensibilidad y la…

B. Crueldad. 5:2 El opresor no reconoce a Dios ni lo toma en cuenta. Cuando se trata de nuestros negocios y nuestras ganancias, Dios con su exigencia de solidaridad, servicio y entrega sale sobrando y estorbando. Es más, quienes acuden a Dios son vistos por el opresor como ridículos y flojos (5:4). Y como no le conviene que los israelitas llenen su espíritu, pues esto implica crecimiento y libertad, prefiere que se pongan a trabajar como “burros” pues pensar en Dios y adorarle lleva a tener más consciencia de mí y de otros. No es por casualidad que ciertos amos o jefes sean asociados con la crueldad en el trato de sus obreros o empleados. La crueldad esta cerca del corazón que tiene poder y que ha olvidado los beneficios que recibió en el pasado y que por esos beneficios tiene el actual poder.

C. Obstinación Empieza con las plagas una serie de “estiras y aflojas” No entre faraón y Moisés, sino entre faraón y Dios. Y así se ejemplifica una obstinación convenenciera. Ser obstinados con interés es reconocer a Dios solo cuando estamos en apuros, pero al pasar el aprieto uno vuelve, no solo a su terquedad anterior, sino a una espiral descendente de sandez y estupidez. No oye a nadie, ni a Moisés ni a sus propios magos (8:15). Solo muestra que tiene interés en él y en él, ni siquiera la importa los suyos (10:7). La crueldad se desborda aún a aquellos que son nuestros. Así son los opresores, no se percatan que su dureza solo los perjudica a ellos mismos y a nadie más. Al final los deja ir, pero le costó mucho: perder cosechas, animales y a su propio hijo y a los hijos de su gente. Si tan solo obedeciéramos desde el principio las cosas sería diferentes. Muchos de las situaciones que nos suceden son resultado de nuestra propia obstinación, crueldad e ingratitud.”

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2 pensamientos en “Actitud Faraónica

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