Nadie sabe para quién trabaja

Existe un dicho popular que cita: “Nadie sabe para quién trabaja” Muchos, sino es que todos lo hemos escuchado alguna vez. Sabemos que este refrán se refiere a cuando una persona trabaja esforzándose mucho, pero al final, es otro quien goza del fruto de su trabajo.

Pareciera algo chusco, siempre y cuando no nos pase a nosotros, pero ¿que consejo le daría a usted a alguien que esta trabajando muy duro por obtener algo, pero usted sabe que ese “algo” algún día se convertirá en polvo? ¿Qué consejo le daría usted a una persona que está invirtiendo su vida, su tiempo, su inteligencia, sus talentos, en cosas que algún día serán chatarra o pasarán de moda o no trascenderán?

Este tipo de consejo es que el que yo encuentro en la Palabra de Dios. El apóstol Pablo claramente nos recuerda que “las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron” (Romanos 15:4). No encuentro una mayor fuente de enseñanza que las historias escritas en la Palabra de Dios para enseñarnos el tipo de vida que Dios quiere que vivamos y que a la postre, es el tipo de vida que tendrá frutos eternos.

Encuentro en la Palabra de Dios una historia conocida por todos: la historia del Éxodo. Probablemente todos alguna vez hemos escuchado la historia del pueblo de Israel saliendo de tierra de Egipto, liberados por el poderoso brazo de Dios. Pero en los primeros capítulos del Éxodo encontramos dos voluntades en pugna: El deseo de Dios era darle libertad al pueblo para que pudieran adorarle en libertad contra el deseo de Faraón de mantener a Israel bajo opresión y esclavitud para ocuparlos en mano de obra. 2 voluntades. 2 planes. El plan de Dios contra el plan de Faraón.

Si alguien le preguntara a usted: ¿Cómo preferiría vivir, en esclavitud o en libertad? Probablemente una gran mayoría diría “en libertad” Pero ¿sabe? ¡Los israelitas no pensaban de la misma forma! En algún punto en el camino de su libertad ellos clamaron: “mejor nos fuera servir a los egipcios” (Éxodo 14:12). A pesar de haber sido testigos presenciales de las maravillas de Dios ¡ellos anhelaban regresar a Egipto! Regresar a esclavitud. Ellos hubieran preferido trabajar para Faraón que servir al Señor. Y mucho de nosotros alguna vez hemos querido retroceder y hemos querido regresar a “servir a Faraón” y dejar a Dios a un lado. Lo que pasaba en la mente de los israelitas hace miles de años, pasa por la mente de muchos cristianos hoy en día: “¿qué será mejor? ¿trabajar para Faraón o trabajar para Dios?”

El cristiano puede elegir entre los 2 planes también: ser esclavo en Egipto o ser un adorador de Dios.

 

TRABAJAR PARA COSAS TERRENALES (FARAÓN) vs. TRABAJAR PARA COSAS CELESTIALES (DIOS)

Éxodo 1:11  “Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés”

Faraón es el señor de Egipto. Algunos de los primeros capítulos del libro del Éxodo nos describen la condición de opresión que los israelitas vivían. Encontramos como Faraón ponía pesadas cargas de trabajo a los israelitas. Faraón es el señor de los israelitas y los pone a construir “ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés”

No debemos dejar pasar por alto la grandeza de Egipto. Es indudable que Egipto era el gran imperio mundial de la época. Era tan grande la riqueza de Egipto, que necesitaban más lugares para guardar la riqueza que se obtenía. Y ahí es donde entra el trabajo de los israelitas: en la construcción de ciudades para almacenar la riqueza de Egipto. Edificar las ciudades de Pitón y Ramesés.

Si yo le hablara de una civilización que está obstinada en obtener riquezas, en tener más, ¿usted pensaría en el Egipto de hace 3500 años o podría también pensar en la sociedad contemporánea del siglo XXI? ¿Acaso no es cierto que vivimos en una sociedad que trabaja para tener más? ¿No es acumular más posesiones y riquezas un símbolo de grandeza en nuestros días también? Elegir trabajar para Faraón es elegir trabajar con esta mentalidad. Es pensar que la abundancia de la vida consiste en los bienes que poseemos (mientras que Jesús dijo que no era así: “la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” Lucas 12:15)

Ahora, no me malentienda, esto no significa que no trabajemos para obtener un estilo de vida digno. A lo que me refiero es que cuando toda nuestra vida gira en torno a ello, estamos decidiendo servir a Faraón.

La mala noticia es que Pitón y Ramesés no son eternas. De hecho, hoy Pitón y Ramesés son ciudades en ruinas. Sí. Lo único que queda son ruinas. Así que cuando decidimos trabajar para Faraón debemos estar conscientes de que lo único que quedará de legado de nuestro trabajo, será polvo.

Dios nos ofrece un camino diferente. Jesús nos ofrece trabajar para Su Reino. Un reino que no es de este mundo. Un reino que es eterno y que no terminará en polvo. Mateo 6:19-21  “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”

Asegúrese de que no está poniendo todo su empeño en cosas que en un futuro sólo se convertirán en polvo. Asegúrese de que su vida entera está siendo dedicada a cosas que son eternas. Es la mejor inversión de vida.

TRABAJAR PARA LA GLORIA DE UN HOMBRE (FARAÓN) vs. TRABAJAR PARA LA GLORIA DE DIOS (DIOS)

Éxodo 5:2  Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel.

Repito: Faraón es el Señor de Egipto. Su nombre es bien conocido por los reyes de la tierra. Es venerado como un dios. Sus súbditos hacen conforme a su voluntad inmediatamente. Pero a pesar de todo ello, Faraón es humano. Dios se encargó de demostrarlo.

Trabajar para Faraón es trabajar para la gloria de hombres falibles. ¿Nuevamente le suena familiar?

Gente buscando fama por cualquier medio posible. Gente buscando engrandecer su ego. Gente buscando satisfacer sus propias necesidades aún si esto le lleva a pisotear a otros. Para nadie es desconocido que nuestra cultura es una cultura del “yo”. Todo lo que sea para mi bienestar, mi placer, mi fama, mi orgullo, mi “lo que sea”: Bienvenido.  ¡Incluso en la Iglesia! Dios sirve para bendecirme, para confortarme, para guiarme, para perdonarme, etc. Pero pasamos por alto que si Dios, en su misericordia hace todas estas cosas por nosotros, es para Su Gloria, por amor de sí mismo, y para la grandeza de Su nombre. No se trata de nosotros. Se trata de Él. No existimos para dar gloria a ningún hombre. Existimos para dar gloria a Dios.

Irónico resulta que Faraón haya preguntado “¿Quién es Jehová?”. Han pasado 3500 años de historia y los arqueólogos hoy se preguntan “¿Quién es el Faraón del Éxodo?” Jajaja. Algunos piensan que fue Amenhotep II, mientras que otros Tutmosis III. Es gracioso pensar que tu nombre sólo sea recordado por lo que Dios hizo aun cuando intentaste luchar contra Su voluntad.

Y sucede siempre. Nadie está exento. Un instante de fama y mañana tu nombre es olvidado y nos encontramos con un gran vacío en el corazón por haber trabajado para obtener gloria para nosotros mismos. La gloria que un hombre ilustre tiene es pasajera. Isaías bien declara: “… Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo” (Isaías 40:6).

El nombre de Faraón pasó. El nombre de Dios jamás pasará.

Trabajar para la gloria de un hombre cuyo nombre se pierde en el tiempo es vano. Trabajar para la gloria de Dios cuyo Nombre es Eterno es sabio. La Gloria de Dios nunca pasará, y Él recompensará eternamente a aquellos quienes apostaron su vida a su servicio.

Colosenses 3:23-24  Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

 

LA DECISIÓN ES TUYA

“En lo pasado está la historia del futuro” dice el ensayista español Juan Donoso Cortés.

La historia no miente. La historia del Éxodo nos recuerda a un pueblo que pereció en el desierto por su deseo de regresar a ser esclavos de Faraón en lugar de salir y ser libres adoradores de Dios.

Hoy la decisión es suya: Decidir invertir la vida en algo pasajero y para la gloria de hombres mortales, o decidir invertir la vida en las cosas eternas y para la gloria de un Dios Eterno.

El mensaje del mundo no cambiará. Seguirá siendo el mismo de hace milenios: “Y les impondréis la misma tarea de ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, por eso levantan la voz diciendo: Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios. Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan a palabras mentirosas” (Éxodo 5:8-9)

El mundo seguirá poniendo más carga sobre tus hombros. El mundo te seguirá demandando que trabajes para cosas terrenales: que consigas el mejor carro, que tengas la más grande casa, que te vistas de las mejores ropas, que todo lo que se te antoja lo obtengas. Todo esto para que tu nombre sea engrandecido. Para que todos te respeten. “Si tienes mucho, vales mucho”.  Faraón no te dejará pensar en Dios. Pensar en Dios son “palabras mentirosas” para el mundo. Para alejarte de Dios seguirá agravando su carga sobre tus hombros.

La oferta de Dios seguirá siendo la misma: la libertad de adorarle y trabajar para cosas eternas. La libertad de adorarle y engrandecer su nombre y así encontrar significado y sentido a lo que somos y lo que hacemos.

Debemos recordar que nuestra decisión tiene consecuencias: La generación que fue sacada de la cautividad en Egipto no creyó a Dios y en su corazón siempre estuvo el deseo de regresar a la esclavitud de Egipto. Esta decisión tuvo su consecuencia: Quedaron muertos en el desierto sin entrar a la Tierra Prometida: 1era. Corintios 10:1-11  “No quiero que desconozcan, hermanos, que nuestros antepasados estuvieron todos bajo la nube y que todos atravesaron el mar. Todos ellos fueron bautizados en la nube y en el mar para unirse a Moisés. Todos también comieron el mismo alimento espiritual y tomaron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los acompañaba, y la roca era Cristo. Sin embargo, la mayoría de ellos no agradaron a Dios, y sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Todo eso sucedió para servirnos de ejemplo, a fin de que no nos apasionemos por lo malo, como lo hicieron ellos. No sean idólatras, como lo fueron algunos de ellos, según está escrito: “Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se entregó al desenfreno.” No cometamos inmoralidad sexual, como algunos lo hicieron, por lo que en un sólo día perecieron veintitrés mil. Tampoco pongamos a prueba al Señor, como lo hicieron algunos y murieron víctimas de las serpientes. Ni murmuren contra Dios, como lo hicieron algunos y sucumbieron a manos del ángel destructor. Todo eso les sucedió para servir de ejemplo, y quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos”

Tan sólo Josué y Caleb creyeron a Dios y pudieron entrar, junto con una nueva generación de israelitas, a la Tierra de Reposo que Dios había prometido a Abraham. Ellos decidieron creer a Dios. El autor de la carta a los Hebreos nos invita a imitarlos:

Hebreos 4:1-11  “Cuidémonos, por tanto, no sea que, aunque la promesa de entrar en su reposo sigue vigente, alguno de ustedes parezca quedarse atrás. Porque a nosotros, lo mismo que a ellos, se nos ha anunciado la buena noticia; pero el mensaje que escucharon no les sirvió de nada, porque no se unieron en la fe a los que habían prestado atención a ese mensaje. En tal reposo entramos los que somos creyentes, conforme Dios ha dicho: “Así que, en mi enojo, juré: ‘Jamás entrarán en mi reposo.’ “Pues en algún lugar se ha dicho así del séptimo día: “Y en el séptimo día reposó Dios de todas sus obras.” Y en el pasaje citado también dice: “Jamás entrarán en mi reposo.” Sin embargo, todavía falta que algunos entren en ese reposo, y los primeros a quienes se les anunció la buena noticia no entraron por causa de su desobediencia. Por eso, Dios volvió a fijar un día, que es “hoy”, cuando mucho después declaró por medio de David lo que ya se ha mencionado: “Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón.” Si Josué les hubiera dado el reposo, Dios no habría hablado posteriormente de otro día. Por consiguiente, queda todavía un reposo especial para el pueblo de Dios; porque el que entra en el reposo de Dios descansa también de sus obras, así como Dios descansó de las suyas. Esforcémonos, pues, por entrar en ese reposo, para que nadie caiga al seguir aquel ejemplo de desobediencia.”

Trabajar para Faraón resulta en muerte espiritual. Trabajar para Dios resulta en vida eterna.

La ventaja es que tú ya conoces el final de la historia: Dios vence a Faraón. Aun así, la decisión es tuya.

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