Yugo desigual

“Y he aquí un varón de los hijos de Israel vino y trajo una madianita a sus hermanos, a los ojos de Moisés y de toda la congregación de los hijos de Israel, mientras lloraban ellos a la puerta del tabernáculo de reunión. Y lo vio Finees, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, y se levantó en medio de la congregación, y tomó una lanza en su mano; y fue tras el varón de Israel a la tienda, y los alanceó a ambos, al varón de Israel, y a la mujer por su vientre. Y cesó la mortandad de los hijos de Israel…

Y el nombre del varón que fue muerto con la madianita era ZIMRI hijo de Salu, jefe de una familia de la tribu de Simeón. Y el nombre de la mujer madianita muerta era COZBI hija de Zur, príncipe de pueblos, padre de familia en Madián.”

Números 25: 6-8 y 14-15

Mucho se ha escrito, hablado y discutido acerca del “yugo desigual” Existen muchas y diversas opiniones al respecto de lo que la frase “yugo desigual” significa. De manera sencilla, se opina que lo que dicha frase indica, es la prohibición de relacionarse matrimonialmente con alguien que no comparte nuestra misma fe.

Esta indicación se repite muchas ocasiones en la Escritura, siendo probablemente, las más claras citas, Deuteronomio 7:3-4 y 2da. De Corintios 6:14. Dicha indicación resulta lógica al entender que la fe de un individuo es parte inalterable de su esencia, y resultaría imposible negociarlo en pos de relacionarse con alguien cuya fe es completamente opuesta o distinta. Si un individuo es capaz de “negociar” su creencia en Dios para poder así involucrarse en una relación de “yugo desigual”, podríamos incluso dudar de la legitimidad de su fe, pues da mayor importancia a agradar a una persona que a agradar a Dios.

El profeta Amós escribe: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3) Aunque este texto alude claramente a la rebelión del pueblo de Israel en contra de Dios, es ocupado de manera sencilla en cuestiones relacionales. De manera práctica: ¿Cómo podemos andar con alguien con quien no está de acuerdo con lo que creemos, pensamos o hacemos? ¿Es posible entablar una relación con alguien cuyos objetivos de vida son completamente distintos a los nuestros? Si aún dentro de las relaciones matrimoniales entre creyentes de la misma fe existen conflictos ¿cuántos más tendrán una pareja que tiene creencias diferentes? Habría que sumar a las discrepancias normales y cotidianas de las parejas, el enorme peso de las discrepancias en asuntos relacionados con la fe. Así que, aún de manera práctica, se pone en evidencia lo inconveniente de relacionarnos en “yugo desigual”

La historia que mencionamos al principio de este escrito pertenece al libro de los Números. Israel ha salido ya de Egipto y es llevado por el Señor a la tierra que le ha prometido. Israel ha visto la bendición y provisión de Dios a lo largo de su peregrinaje. Dios anhela bendecirlos. Una condición es puesta por el Señor: no relacionarse con la gente de aquellos lugares, ya que desviarán su corazón a la adoración a deidades paganas. Todo el capítulo 25 narra la desobediencia de Israel.  El pueblo comienza a fornicar con las hijas de Moab y a ofrecer culto a sus dioses. La ira de Dios se desata, mueren 24 mil personas en ese episodio. En medio de esta mortandad, un varón llamado Zimri, no importando lo que ocurría en aquél instante (¡dice el pasaje que sus hermanos aún lloraban en el tabernáculo por lo que estaba sucediendo!) decide traer al campamento a una madianita llamada Cozbi. Algunos estudiosos dicen que el intento de Zimri esta introducir el culto de la prostitución sacerdotal, común en los seguidores de Baal, al culto israelita. Otros dicen que sólo tenía la intención de tener relaciones sexuales con ella. De cualquiera manera que fuere, lo que Zimri hizo con Cozbi desafiaba lo que Dios había pactado con Israel con anterioridad. Aún en medio de aquella tragedia tan grande que estaba sucediendo en el pueblo de Israel, Zimri decide traer a Cozbi al campamento.

Revisando capítulos anteriores a esta historia, es de notar, que tanto madianitas como moabitas se habían aliado para pedir a Balaam maldijera a Israel (Números 22). Es claro que la enemistad entre Moab y Madián en contra de Israel era grande. ¡Moab y Madián buscaban la destrucción de Israel! Aún así, Zimri, un israelita, trae a Cozbi, una madianita, al tabernáculo, centro del culto israelita.

El nombre “Zimri” significa “famoso”, “alabado”, “celebrado en canciones”

El nombre “Cozbi” significa “falso” “engaño” o “mentira”

¡Que hermosa ilustración en los nombres! Zimri, un principal, un “famoso”, un “alabado” de entre el pueblo de Israel, trayendo a “Cozbi” (falso, engaño, mentira) de Madián para relacionarse con ella. ¿Qué relación podía haber entre un “Zimri” y una “Cozbi”? ¿Qué comunión podía existir entre el culto israelita y el culto a los baales y deidades de otros pueblos? En palabras del apóstol Pablo: “¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas? ¿Y que concordia Cristo con Belial? ¿O que parte el creyente con el incrédulo?” (2da Corintios 6: 14-15)

Ahora bien, es necesario aclarar que no se trata de discriminación entre pueblos, razas o naciones. Aún la misma esposa de Moisés, Séfora, era de Madián (Éxodo 2:21) Rut, bisabuela del rey David, era de origen moabita y es parte del linaje de Jesús. Rahab, prostituta de Jericó, es salvada en la destrucción de la ciudad. No se trata de nacionalidades, se trata de incompatibilidad de creencias. No se trata de discriminación, se trata de enfatizar que no puede existir comunión entre dos creencias distintas. No se trata de pensar que Dios hace acepción de personas, pues no es así (Deuteronomio 10:17, Romanos 2: 11) Dios no quiere tampoco que nosotros hagamos acepción de personas a la hora de amar al prójimo (Santiago 2: 1 y 9) Se trata de entender que Dios establece normas claras en cuanto a la relación matrimonial entre personas que no comparten la misma fe. Se trata en comprender que aún cuando podemos y debemos amar a otros que no comparten nuestras creencias, el claro consejo de Dios es no unirnos en relación matrimonial con personas que no comparten nuestra fe. La Escritura es clara al respecto. Entendamos que lo que Dios anhela es bendecirnos.

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