Viviendo en el Espíritu

La presencia y obra del Espíritu Santo son imprescindibles en la vida de los creyentes y en la vida de las iglesias. El tema del Espíritu Santo siempre ha sido importante en la historia del cristianismo. Sin embargo, conceptos equivocados y prácticas contrarias a las Escrituras han provocado grandes cismas en la iglesia, y nuestra época no es la excepción.

Con mucha tristeza se observan grupos pseudo-cristianos cometiendo abusos y practicando aberraciones, que muy poco (o nada) tienen que ver con la presencia y la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente y de la iglesia de Cristo.

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Teología del Antiguo Testamento: Creación, Redención, Soberanía, Mesías y Juicio

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. 2da. Timoteo 3:16

Para los cristianos, el Antiguo Testamento encuentra su plenitud en el Nuevo Testamento. Jesucristo es Aquél que arroja la luz necesaria para el acercamiento a las páginas que cuentan la revelación de Dios desde los orígenes en Génesis, hasta los libros del s.V a.C. Todo el Antiguo Testamento es la historia de la relación de Dios y los hombres, teniendo su punto culminante en la salvación que sólo es en Cristo Jesús.

Así pues, las páginas del Antiguo Testamento contienen incontenible riqueza teológica. Dios se revela en el proceso histórico del hombre y particularmente de Su pueblo Israel, y  cada período aporta aspectos que ponen de relieve Su carácter y Sus obras.

Dios no sólo es el Dios Creador de Génesis sino también el Dios Redentor del Éxodo. Dios también se presenta como Rey Soberano por sobre todo y por sobre todos, apuntando a Su Hijo, el Rey Ideal y Eterno de las naciones. Dios es Señor de la historia, y en el “Día de Jehová” su Perfecta y Santa Voluntad será cumplida a cabalidad.

Sirva pues este breve trabajo de investigación, para presentar la teología que se encuentra en las páginas del Antiguo Testamento, con el firme propósito de alentar la fe,  e invitar al descubrimiento y disfrute del mismo.

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Dios: El Pastor de Efraín, de Judá y de todas las naciones

Ezequiel 37:19-28 “diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel sus compañeros, y los pondré con el palo de Judá, y los haré un solo palo, y serán uno en mi mano. Y los palos sobre que escribas estarán en tu mano delante de sus ojos, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos. Ni se contaminarán ya más con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeliones; y los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo a ellos por Dios. Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor; y andarán en mis preceptos, y mis estatutos guardarán, y los pondrán por obra. Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre. Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre. Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y sabrán las naciones que yo Jehová santifico a Israel, estando mi santuario en medio de ellos para siempre.”

En este hermoso pasaje del profeta Ezequiel, Dios promete una salvación a Su pueblo a pesar de la situación de Exilio en la que se encuentran a causa de su pecado. Las palabras dadas al profeta llenan de esperanza. Esperanza de Restauración. Sin embargo, esta esperanza se haría extensiva no sólo a Efraín y a Judá (pueblo de Israel) sino también a todas las naciones.

Este breve escrito intenta definir al menos 4 palabras importantes de este pasaje: EFRAÍN, JUDÁ, NACIONES Y PASTOR. 

Ciertamente es necesario conocer qué significado tienen estas palabras para los tiempos del profeta Ezequiel, y para ello, vale la pena intentar entender un poco mejor su significado. Sirva para ello este sencillo análisis teológico de las palabras presentadas en el pasaje.

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Y oyó Dios el gemido de ellos…

“Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios.” (Éxodo 2:23-25)

Dios es un Dios cercano. Aun cuando desde las primeras páginas de la Escritura, reconocemos a un Dios trascendente (que está “más allá” y que no se confunde o se mezcla con su creación, como sugieren las ideas panteístas) también lo encontramos como un Dios inmanente, cercano y personal al ser humano y a todo lo creado. Dios no es indiferente a nuestra historia. Él es un Dios cercano y que ha decidido revelarse a sí mismo, a fin de establecer una relación con la humanidad.

Esto es claramente presentado en el libro de Éxodo. Ante la aflicción de Su Pueblo, Dios no se queda con los brazos cruzados, sino que actúa poderosamente a favor de ellos. Una y otra vez, Dios invita a Faraón a dar libertad a Israel, preso de la esclavitud y los maltratos. Sin embargo, el corazón de faraón (muy al estilo del corazón nuestro) se endurece y se revela ante la voluntad del Dios verdadero. Es pues necesaria la intervención de Jehová para liberar a su pueblo.  Pareciera un evento que nos recuerda que sólo en Dios se encuentra la verdadera libertad, y sólo Él es capaz de regalarla al ser humano. Bajo el yugo de Faraón sólo se encuentra opresión, sufrimiento y vejación. Es pues Éxodo una “sombra” que muestra lo que Dios puede hacer, no sólo históricamente con Su Pueblo Israel, sino con el corazón de todo aquél que decida encontrar su verdadera libertad en Él.

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En el principio Dios…

Conocer al libro de Génesis como el libro de “el principio” o “los orígenes” (“bereshit” en hebreo), es sin duda un entendimiento que marca todo acercamiento posterior a las páginas de la Biblia. Saber que Dios se revela a sí mismo sin lugar a dudas como el Creador de todo lo que existe, define ya por sí una cosmovisión que debe ser centro y base de la vida de todo creyente. Dios es el Creador. Así lo muestra Génesis. Si nosotros somos, es por su voluntad creadora; si nosotros le conocemos, es por su deseo de revelarse y establecer una relación con nosotros. No una relación entre iguales, sino una relación entre Dios y criaturas.

Como seres humanos, debemos nuestra existencia a Dios. Hombres y mujeres por igual hemos sido creados a su imagen, y dotados de singularidades que nos distinguen del resto de la creación divina. Al estudiar Génesis, entendemos en su justa medida la valía que tiene cada ser humano, no por cuestiones como su condición económica, cultural, educativa o racial, sino por percibirnos como creados a Su imagen y semejanza, dotados de dignidad y sentido de propósito.

Con tristeza vemos que en nuestros días, esta dignidad y sentido de propósito pierde su brillo por los efectos del pecado sobre todo y sobre todos. Así lo presenta el mismo primer libro, desde la caída del hombre. Sin embargo, Dios muestra su misericordia al elegir un hombre, para de él levantar una nación especial. Un pueblo para sí. Su formación ha de dar esperanza a toda la humanidad. La esperanza de que Dios permanece Fiel aún a pesar de nuestros errores. La esperanza de una salvación completa a través del linaje de Su pueblo. La esperanza del restablecimiento de una relación entre el Creador y su creación.

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