Encuentros transformadores

“Jacob, por su parte, se adelantó a ellos, inclinándose hasta el suelo siete veces mientras se iba acercando a su hermano. Pero Esaú corrió a su encuentro y, echándole los brazos al cuello, lo abrazó y lo besó. Entonces los dos se pusieron a llorar.” Génesis 33:3-4

La vida de Jacob es una vida llena de muchísima riqueza. Junto con Abraham e Isaac, es considerado como uno de los patriarcas del pueblo de Israel. Padre de 12 hijos y 1 hija, quienes, a la postre, se convertirían en las tribus de la naciente nación israelita.

Sin embargo, cuando leemos la historia de su vida en el libro de Génesis, nos damos cuenta que su nombre “Jacob” (que significa “suplantador” o “engañador” o “el que toma del talón”) representa con mucha fidelidad su manera de actuar, y también el trato que recibió de otros. Una vida llena de engaño…

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Corazón de Ananías

La Biblia está llena de grandes hombres y mujeres de Dios que inspiran nuestras vidas. Personas comunes y corrientes, pero que, en las manos de Dios, se convirtieron en extraordinarios héroes de la fe.

¿Cuáles es tu héroe? ¿Qué personaje de la Biblia te inspira? ¿Moisés quien platicaba “cara a cara con el Señor como quien platica con un amigo”? (Éxodo 33:11) o, hablando de amigos, ¿Abraham, quien es descrito como “amigo de Dios”? (Isaías 41:8) ¿o el mismo profeta Isaías, que nos regala profecías mesiánicas acerca del “Siervo de Jehová” con un lenguaje hermoso y elevado? ¿Quién es tu héroe?

¿Rut y su determinación por seguir al Único Dios verdadero, y acompañar a su suegra viuda a pesar del dolor de haber perdido a su esposo? ¿Ester y su valentía para salvar a todo Israel del plan de exterminio que el malvado Amán puso en marcha?

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La libertad de vivir en el Espíritu

16 Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa. 17 La naturaleza pecaminosa desea hacer el mal, que es precisamente lo contrario de lo que quiere el Espíritu. Y el Espíritu nos da deseos que se oponen a lo que desea la naturaleza pecaminosa. Estas dos fuerzas luchan constantemente entre sí, entonces ustedes no son libres para llevar a cabo sus buenas intenciones. 18 Pero, cuando los guía el Espíritu, ya no están obligados a cumplir la ley de Moisés. 19 Cuando ustedes siguen los deseos de la naturaleza pecaminosa, los resultados son más que claros: inmoralidad sexual, impureza, pasiones sensuales, 20 idolatría, hechicería, hostilidad, peleas, celos, arrebatos de furia, ambición egoísta, discordias, divisiones, 21 envidia, borracheras, fiestas desenfrenadas y otros pecados parecidos. Permítanme repetirles lo que les dije antes: cualquiera que lleve esa clase de vida no heredará el reino de Dios. 22 Pero la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, 23 humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas! 24 Los que pertenecen a Cristo Jesús han clavado en la cruz las pasiones y los deseos de la naturaleza pecaminosa y los han crucificado allí. 25 Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida. 26 No nos hagamos vanidosos ni nos provoquemos unos a otros ni tengamos envidia unos de otros. GÁLATAS 5:16-26

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Cómo ofrendarle a Dios

“Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación (o por necesidad), porque Dios ama al que da con alegría.

 (2da. Corintios 9:7)

Al revisar con detenimiento la enseñanza de Jesús registrada en los Evangelios, noté, para sorpresa mía, que uno de los temas frecuentes era ECONOMÍA. De manera constante, el Señor compartía mensajes relacionados con asuntos de dinero, de posesiones, de terrenos, de monedas, de pago de jornadas laborales, de vendimias, de impuestos, de deudas, etcétera, etcétera, etcétera. Jesús sabía que la forma en que tratamos las riquezas de este mundo, muestra las prioridades de nuestros corazones (Lucas 12:34, Lucas 16:11)

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Reconociendo el camino a casa

Entre los retos de vivir en una de las ciudades más grandes del mundo (México D.F.) está el de no perderse entre la infinidad de calles y avenidas. Puentes, pasos a desnivel, contra flujos, cierres por obras de mantenimiento, son algunas de las “aventuras” que todo “capitalino” vive en su esfuerzo de llegar sano y salvo a su destino. Sin embargo, perderse es un riesgo constante en la vida de nuestra ciudad.

En una ocasión Jesús narró la historia de alguien perdido. Pero no perdido entre calles y avenidas, sino perdido en el rumbo de su vida. Sigue leyendo