Jesús y la mujer samaritana

“En esto llegaron sus discípulos y se sorprendieron de verlo hablando con una mujer, aunque ninguno le preguntó: «¿Qué pretendes?» o «¿De qué hablas con ella?»” (Juan 4:27 NVI)

En el Evangelio de Juan, en su capítulo cuarto, se narra la hermosa historia del encuentro de Jesús con una mujer samaritana. Este pasaje, uno de los más conocidos y citados de la Biblia, revela al lector grandes verdades acerca de la salvación, la verdadera adoración a Dios, y cuestiones semejantes que han sido motivo de sermones y estudios a lo largo de la historia de la Cristiandad.

Sin embargo, al revisar con detenimiento el pasaje, se nota en el verso 27, cierta sorpresa de parte de los discípulos de Jesús cuando lo ven dialogando con ésta mujer. Esto lleva al planteamiento de algunas interrogantes: ¿Por qué los discípulos se sorprenden de verle hablar con ella? ¿Existe algún motivo válido para la sorpresa de los discípulos de Jesús? ¿Cuál era la relación que, cultural y socialmente, se creía, debía guardar un hombre judío, con respecto a una mujer? ¿Qué de la relación entre judíos y samaritanos?

Este brevísimo escrito, intenta abordar la pregunta de los discípulos, investigando acerca de la concepción de la mujer en los tiempos de Jesús. Ello ayudará a un mejor entendimiento del pensamiento que se tenía con respecto a la mujer en el tiempo del Mesías. De igual modo, se presenta la particular relación entre judíos y samaritanos en el mismo período de tiempo. Esto arrojará luz para la comprensión de dicho encuentro de Jesús y la mujer samaritana.

I. EL PENSAMIENTO ACERCA DE LA MUJER EN TIEMPOS DE JESÚS

La concepción de la mujer ha estado en constante cambio a lo largo de la historia de la humanidad. Aún hoy día, el papel de la mujer varía según la sociedad, la región geográfica, la religión practicada, etc. Un estudio de la idea de la mujer en una sola etapa de la historia resultaría, en sí mismo, un trabajo exhaustivo y abundante.

En la historia de la mujer samaritana y Jesús, el contexto cultural con respecto a la mujer, resulta de suma importancia para comprender con mayor claridad la sorpresa de sus discípulos. Esto mismo aplica a todo el Nuevo Testamento.

La comprensión clara de la cultura de la época marca de manera significativa la lectura y entendimiento del Nuevo Testamento. [1]

A. La cultura predominante en tiempos de Jesús

Para tiempos de Jesús, la cultura tomaba sus elementos de dos partes: la cultura judía y la cultura romana (influenciada por Grecia). Estos elementos se mezclaron entre sí en los tiempos del Evangelio. La cultura religiosa judía, daba forma a toda la vida de la nación en la antigüedad. La religión para los judíos influía directamente en lo social, político y cultural. El pueblo de Israel tenía en la religión, el sustento de sus demás esferas como nación. Por otro lado, el helenismo era la cultura predominante en el mundo. El pensamiento griego llevado por Alejandro (desde el s. III a.C.) a gran parte del mundo, regía el modo de pensar de muchos pueblos en el período neo testamentario.[2]

Así, estos dos pensamientos, el judío y el griego, dieron forma a la concepción cultural de Israel en tiempos de Jesús.

En palabras del erudito austriaco Alfred Edersheim,

Por más que se aislaran religiosa y socialmente, dada la naturaleza de las cosas, era imposible que las comunidades judías en el Occidente quedaran sin ser afectadas por la cultura y el pensamiento griego; tal como, por otra parte, el mundo griego, a pesar del odio y desprecio popular entre las clases elevadas para los judíos, no podía librarse del todo de su influencia… Si la religión del Antiguo Testamento había sido acercada al mundo del pensamiento griego, éste último tenía que ser llevado todavía al Judaísmo. Había que hallar un estadio intermedio; algún terreno común en que los dos pudieran encontrarse; alguna afinidad original de espíritu a la cual pudieran ser llevadas sus divergencias básicas y radicales para poder ser allí reconciliadas”. [3]

Es necesario entonces analizar la concepción judía y griega con respecto a la mujer, para poder comprender que las dos daban forma a la idea que se tenía con respecto a la mujer en el tiempo de Jesús.

B. La idea de la mujer en el pensamiento judío

 

            El pensamiento judío en tiempos del Evangelio, ya no sólo consistía en los escritos del Antiguo Testamento. Adicional a ello, y a lo largo de un proceso muy largo (comenzando desde el siglo II a.C. aprox.), se formaron documentos y comentarios que explicaban, adornaban y enriquecían los escritos del Antiguo Testamento. Es así como surgen la Mishná y la Guemará (recopiladas siglos después en el Talmud en el siglo VI aprox.). [4] Dichos escritos adicionales a las Escrituras, aportaban instrucción en muy diversos ámbitos de la vida de Israel. Tal es la importancia de estas colecciones para algunos judíos, que el Talmud incluso relegó a la Biblia a un segundo término durante la Edad Media. [5]

Para los días de Jesús, las escuelas de Hillel y Shammai (las más importantes de su época) comenzaron con las primeras colecciones de dichos comentarios (Mishná). Sin lugar a dudas, a través de la tradición oral, esta enseñanza social y cultural sobre los escritos del Antiguo Testamento, tenía importante influencia en la cultura de Israel.

Algunos fragmentos de los escritos como los ejemplos siguientes recopilados, muestran la concepción sobre la mujer en aquellos tiempos:

“Que tu casa esté plenamente abierta, sean los pobres sus frecuentadores y no prolongues tus pláticas con mujeres. Y si esto aun con la propia, ¿qué se dirá de la ajena? Por eso decían los sabios: Quien mucho trata con mujeres se acarrea mal a sí mismo, deja el estudio de la Ley y obtiene por herencia el Gehena”. [6]

“Más carne, más gusanos. Más caudal, más congoja. Más mujeres, más maldad. Más criadas, más disolución. Más criados, más ladronería”. [7]

El consejo de los sabios con respecto al trato con las mujeres en estos comentarios es de precaución y abstinencia. Se recomienda no abundar en pláticas con ellas, aún siendo la esposa misma. Estos comentarios ilustran un poco acerca del trato que se aconsejaba del hombre judío hacia la mujer.

De igual forma, escritos adicionales muestran lo que culturalmente son las responsabilidades que la mujer tiene para con la sociedad:

“El pensamiento entero de la mujer está dedicado a ser bella”. [8]

“Estos son los trabajos que la mujer debe hacer para el marido: moler, cocer el pan, blanquear la ropa, guisar, dar el pecho a su hijo, hacer la cama del esposo y cardar la lana… Si tiene cuatro (criadas), puede estarse sentada en un sillón sin necesidad de hacer nada”. [9]

Con respecto a la posibilidad de realizar votos ante Dios, los sabios declaran en los comentarios:

“Los samaritanos no pueden hacer voto de ser nazareos, pero las mujeres y los esclavos sí lo pueden. El nazareato será más severo para las mujeres que para los esclavos, ya que el dueño, si le es necesario, puede al esclavo a romper su voto, mientras que el marido no puede obligar a su esposa… el hombre puede (de antemano) anular el voto de su esposa, pero no el de su esclavo. Cuando el marido anula la promesa de su esposa, la anulación es válida para siempre; pero si el señor anula el voto de su esclavo, de manera que éste quede manumitido, deberá entonces completar el período de nazareato”. [10]

La presentación de algunos fragmentos de los dichos de los sabios, representa la concepción judía acerca de la mujer. Ello no significa que la sociedad en general aceptara en total acuerdo dichos proverbios, pero sin lugar a duda, representan una fuerte influencia en la forma de ver a la sociedad de los días de Jesús.

C. La idea de la mujer en el pensamiento griego

Como se apunta con anterioridad, el pensamiento griego es parte fundamental en el imperio romano. En tiempos de Jesús, el helenismo es la cultura predominante. Por ello es necesario revisar cuestiones acerca de pensamiento griego en lo tocante a la concepción de la mujer.

La historia de la filosofía griega es extensa, sin embargo para cuestiones del estudio presente, el período de influencia, es el primer gran período de la filosofía griega. Este período abarca desde el período presocrático (s. VI a.C.) hasta el período helenístico (año 30 a.C.). [11] Dentro de este período, existen varios filósofos relevantes. Tanto Sócrates, como Platón y Aristóteles, se vuelven algunos de los pensadores distintivos de parte de éste período.

Hesíodo (poeta del s. VII a.C., considerado por algunos como el primer compilador de la religión griega antigua) en su obra “La Teogonía” ofrece una particular cosmovisión de los fenómenos naturales, involucrando a dioses en la formación de los mismos. [12] Algunos estudiosos incluso estrechan una relación entre dicho poma de Hesíodo y los primeros capítulos de Génesis en la tradición judaico-cristiana. [13]

Para Hesíodo, Zeus “dio esas mujeres funestas a los hombres mortales, esas mujeres que no hacen más que daño”; a las mujeres las considera como “la más perniciosa raza de mujeres, el más cruel azote que existe entre los hombres mortales, porque no se adhieren a la pobreza sino a la riqueza”. Advierte además el poeta, que el hombre que “se haya casado con una mujer mala por naturaleza tendrá en su pecho un dolor sin fin, y su alma y su corazón serán presa de un mal irremediable”. [14]

Para Platón (400 a.C. aprox.), las mujeres y los hombres deben estar igualmente capacitadas para realizar las tareas que el Estado les requiere. Él considera, tanto al hombre como a la mujer, plenos e iguales en obligaciones y derechos. Platón considera una supuesta semejanza de ambos sexos. La única consideración especial es respecto a la fortaleza física, en donde Platón considera inferior a la mujer. [15] Por otro lado, su contemporáneo, el dramaturgo Eurípides, enseñaba: “He aquí el mejor consejo para un hombre razonable: no creas nunca a una mujer, aunque te diga la verdad”. [16]

En un período posterior, Aristóteles (350 a.C. aprox.) también tiene consideraciones respecto a la mujer. Para Aristóteles, “el sexo femenino es, según esto, una deformación del masculino, en el cual el principio formal y el final no han podido dominar la materia”. [17] Su contemporáneo, Demóstenes, consideraba que “la mujer desbarata en un día, lo que el hombre ha pensado en un año”. [18]

Para la escuela filosófica helenista, más próxima a los tiempos de Jesús, la mujer, los hijos y los esclavos, comienzan a ganar terreno en la conquista gradual del valor que la ética occidental contemporánea considera justo para ellos. [19] Sin embargo, es necesario reconocer la influencia que los pensadores citados con anterioridad tienen para la formación del pensamiento griego en los tiempos de Jesús.

El famoso historiador judío del primer siglo, Flavio Josefo, consideraba que a los ojos de la ley judaica, “la mujer… es en todo inferior al hombre”, considerándole inválido su testimonio para efectos legales (al igual que el testimonio de niños o esclavos) pues las mujeres “tienen mentes ligeras, es decir, veleidosas”. [20]

Son estos dos elementos pues, el judío y el griego, los que forman la cosmovisión de la mujer en tiempos de Jesús. Ambos tienen que ser considerados en la formación de la idea femenina en los evangelios. Tanto la sociedad, como la cultura, como la religión, y cada uno de los elementos que conformaban el Israel en días del Mesías, tienen que ser vistos a través de la influencia de estas dos corrientes de pensamiento, para llegar a una mejor comprensión de lo que el texto bíblico nos narra.

Sin lugar a dudas, la concepción y el papel que la mujer desempeñaba en la época de Jesús es muy distinto al de nuestros días en la sociedad occidental. Cuando hoy la mujer goza de equidad en casi todo ámbito de la vida diaria, durante el primer siglo no podía acceder a cierta instrucción, o a ciertos privilegios que eran exclusivos del hombre. Entender esto, brinda una cosmovisión completa en la lectura de los Evangelios.

II. LA RELACIÓN ENTRE JUDÍOS Y SAMARITANOS EN TIEMPOS DE JESÚS

La relación entre judíos y samaritanos en tiempos de Jesús era particular. Para poder entenderla, se requiere de conocer el trasfondo histórico de los samaritanos en el territorio de Israel.

Samaria es fundada por el rey Omri, como capital del Reino del Norte (o reino de Israel) cerca del año 870 a.C. Esto se describe en el capítulo dieciséis del primer Libro de los Reyes. Acab también es parte de la construcción de Samaria, favoreciendo así la introducción de la idolatría en la ciudad. Varios profetas consideran a Samaria centro de idolatría. [21]

Con la caída del reino a manos de los asirios (722 a.C. aprox.) comenzó un masivo exilio de sus ciudadanos a varias provincias del reino asirio. Samaria entonces fue poblada por personas de Babilonia, de Kutá, de Avvá y de Jamat. Samaria fue poblada así, de gente extranjera. Con ello comenzó la primera gran tragedia de dispersión del pueblo judío. [22]

A diferencia con lo sucedido un par de siglos más tarde en el reino de Judá, en donde los babilonios no colonizaron ni Judá ni Jerusalén, los asirios poblaron la ciudad de Samaria con gente idólatra, con tribus extrañas traídas del este del imperio, llenando todo el territorio de santuarios paganos y multiplicando la idolatría del territorio. [23]

Este episodio marca el inicio de la división profunda entre judíos y samaritanos, a tal grado de considerar a los samaritanos como “extranjeros” por parte de los judíos. No deseaban los judíos tener conexión alguna con ellos. Aún en el tiempo de Esdras y Nehemías, los judíos marcaron una distancia con respecto a los samaritanos, ni siquiera permitiéndoles ayudarles en la reconstrucción de Jerusalén[24], profundizando así el sentimiento de celos y rivalidad engendrado un par de siglos antes.

Tanto el culto en el monte de Gerizim, como su propia versión del Pentateuco, marcan en los samaritanos una profunda división religiosa y social con los judíos. A lo largo de la historia, y hasta los tiempos de Jesús, dicha rivalidad se expresa en acusaciones ante las autoridades civiles del momento, matanza de peregrinos que cruzaban su territorio, y un sinnúmero de acciones hostiles entre ambos grupos. [25]

En los días del Evangelio, la situación no era distinta. Judíos y samaritanos conservaban su antigua rivalidad. Por cuestiones geográficas, en las cuales, Samaria (centro) divide el país de Israel, separando las regiones de Judea (sur) y de Galilea (norte) es casi inevitable el tránsito por Samaria; aún así, y debido al odio entre ambos grupos, los judíos preferían en muchas ocasiones tomar una ruta más larga para evitar el cruce de Samaria. Preferían los judíos atravesar el río Jordán y cruzar por el margen oriental del país (a través de Perea) para poder llegar a su destino, ya sea al norte o ya sea al sur.

Es así como se entiende el hecho de que los judíos y los samaritanos no tuvieran relaciones cordiales, pues el trasfondo histórico y religioso marcaba una profunda división entre ellos desde varios siglos atrás. En tiempos de Jesús, dicha rivalidad no había cambiado. Judíos y samaritanos continuaban viviendo en enemistad.

CONCLUSIÓN

La sorpresa de los discípulos al encontrar a su Maestro platicando con una mujer samaritana, tiene una lógica explicación en el contexto cultural del tiempo de Jesús. Para aquellos días, tanto las ideas judías como las ideas griegas, no alentaban al varón a entablar conversaciones con mujeres. La profunda e histórica rivalidad entre judíos y samaritanos, tampoco alentaba a los judíos a relacionarse con personas de dicha región central de su territorio.

Jesús hace caso omiso a las ideas de su contexto cultural con respecto a no hablar con mujeres. Jesús pasa por alto la profunda enemistad entre judíos y samaritanos, quienes incluso consideraban impuro beber del cántaro de un samaritano. [26] Tampoco se ve impedido a dirigirle la palabra a aquella mujer samaritana, pudiendo ser mal interpretada su intención con asuntos morales y/o sexuales. Jesús rompe con los paradigmas socio-culturales que dominaban su época. Jesús se acercó a pesar de todo ello. Jesús se muestra accesible. Jesús se muestra siempre cercano.

BIBLIOGRAFÍA

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___________. Nuevo Diccionario Bíblico Certeza. Barcelona: Editorial Certeza, 2003.

NOTAS


[1] Craig S. Keener, Comentario del Contexto Cultural de la Biblia (Texas: Editorial Mundo Hispano, 2003), pp. 7-10

[2] Alfred Edersheim, Comentario Bíblico Histórico (Barcelona: Editorial CLIE, 2009), pp. 602- 628

[3]Ibíd., pp. 609, 616

[4] David Romano, Antología del Talmud (México: Plaza & Janes Editores, 1986), pp. V-XXII

[5] Ibíd., p. VII

[6] Ángel Garibay, Sabiduría de Israel (México: Editorial Porrúa, 1966), p. 70

[7] Ibíd., p. 74

[8] Romano, Antología, p. 204

[9] Ibíd., p. 195

[10] Ibíd., p. 211

[11] Wilhelm Capelle, Historia de la Filosofía Griega (Madrid: Editorial Gredos, 1958), pp. 7-20

[12] Charles Werner, La Filosofía Griega(Barcelona: Editorial Labor, s.f.), p. 10

[13] Carlos Montemayor, Los Filósofos Presocráticos (México D.F.: Consejo Nacional de Fomento Educativo SEP, 1987), p. 15

[14] Hesíodo, La Teogonía, (Barcelona: Editorial Edicomunicación CCUF, 1995)

[15] Capelle, Historia, p. 263

[16] Gregorio Doval, 1001 Citas y Frases Ingeniosas Sobre el Hombre y la Mujer (Madrid: Editorial Nowtilus, 2008) p.19

[17] Capelle, Historia, p. 367

[18] Doval, 1001 Citas, p. 17

[19] Rodolfo Mondolfo, Momentos del Pensamiento Griego y Cristiano (Buenos Aires: Editorial Paidos, 1964), p. 141

[20] Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinsser, Historia de las Mujeres (Barcelona: Editorial Crítica, 1991),   p. 50

[21] Nuevo Diccionario Bíblico Certeza (Barcelona: Editorial Certeza, 2003), pp. 1224-1226

[22] Paul Johnson, La Historia de los Judíos (Barcelona: Editorial Zeta, 2006), pp. 109-111

[23] Ibíd., p. 122

[24] Agustina Varetto, Más Mujeres del Evangelio (Buenos Aires: Junta Bautista de Publicaciones, 1973)  p. 26

[25] Edersheim, Comentario, pp. 809-813; George R. Beasley-Murray, World Biblical Commentary 36 John (Texas: Word Books, 1987), p. 60

[26] Keener, Comentario, pág. 269

Acerca de Chucho Hurtado

Mexicano. Cristiano . 11/Noviembre/1981. Lic. en Administración. Estudiante de la Lic. en Teología.
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